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marzo, 2010

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La comida basura es adictiva.

Martes, 30 / marzo , 2010

El éxito de los restaurantes de comida rápida podría explicarse gracias a un nuevo estudio realizado por científicos estadounidenses. Éste revela que una ingesta habitual de comida ‘basura’ puede llegar a producir efectos similares a los de la drogadicción.

Científicos del Instituto de Investigación Scripps (EE.UU.) han explicado las conclusiones del estudio en la revista ‘Nature Neuroscience’. Han descubierto que los alimentos grasos y azucarados provocan los mismos efectos en el cerebro que llevan a la gente a la drogadicción.

Los expertos realizaron el estudio con ratas alimentadas a base de tarta de queso, bacon y salchichas. Poco después del experimento, los animales comenzaron a engordar y a mostrar signos de adicción, similares a los que sufren algunas personas con la heroína o el tabaco.

“Esto muestra la evidencia de que la drogadicción y la obesidad están basadas en los mismos mecanismos neurobiológicos”, explica el profesor Paul Kenny. “En el estudio, los animales perdieron completamente el control de su comportamiento alimenticio y continuaban comiendo incluso cuando recibían descargas eléctricas”, añade.

Después de que las ratas se acostumbraran a la comida basura, las devolvieron a su dieta habitual, basada en ensalada. Sin embargo, prefirieron estar dos semanas sin comer antes de ingerir alimentos bajos en grasas.

Una persona adicta a las drogas, continúa consumiéndolas incluso siendo consciente de que son dañinas para su salud. Por ello, en este estudio se realizaban descargas eléctricas a las ratas. Mediante una luz, les anunciaban que iban a recibir una descarga si seguían comiendo. Las ratas a las que no se había acostumbrado previamente a la comida basura, dejaban de comerla en cuanto recibían el estímulo, mientras que las adictas continuaban comiendo a pesar de recibir las descargas.

Al igual que una persona drogadicta, la respuesta de placer en el cerebro era cada vez menos eficaz en las ratas, por lo que cada vez necesitaban comer más para sentir satisfacción.

Un Big Bang en miniatura.

Martes, 30 / marzo , 2010

Veinte años de investigación, una inversión que supera los 10.000 millones de euros y el trabajo de miles de científicos de 80 países han hecho falta para que el Gran Colisionador de Hadrones (LHC por sus siglas en inglés), enterrado a más de cien metros de profundidad bajo el suelo de Ginebra, comience la búsqueda de la ‘partícula de Dios’ o ‘bosón de Higgs’, que recrearía las condiciones del Big Bang, la gran explosión que generó todo el Universo. Para ello, el LHC acelerará dos haces de protones a lo largo de un túnel circular de 27 kilómetros hasta que alcancen una velocidad próxima a la de la luz. En algún momento, éstos chocarán entre sí. Pretenden confirmar la hipótesis de que fue una nueva partícula, el bosón de Higgs, la que dotó de masa a todas las demás, en un proceso que empezó unas fracciones de segundo después de la gran explosión inicial del Universo.

La semana pasada, el director de Aceleradores y Tecnología del Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), Steve Myers, explicó el experimento de manera bastante gráfica: «Es algo así como lanzar agujas desde ambos lados del Atlántico y lograr que choquen a mitad de camino». Si sus expectativas se cumplen, las partículas subatómicas colisionarán en las entrañas del LHC aproximadamente 600 millones de veces por segundo, y desencadenarán la mayor cantidad de energía jamás observada en las condiciones de un experimento científico.

Aunque los resultados «más interesantes» llegarán en dos o tres años, se espera que el que ya se conoce como ‘experimento del siglo’ confirme la teoría sobre el origen de la materia o que, en caso contrario, provoque «un cambio revolucionario» en la Física. Al menos, así lo cree la catedrática de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Cantabria Teresa Rodrigo, la investigadora española a la que 180 institutos científicos de todo el mundo acaban de elegir para que coordine su trabajo durante los dos próximos años, en uno de los instrumentos claves del LHC, el detector de partículas CMS.

Rodrigo participa en el CMS desde las primeras fases de su diseño, en 1990, y lleva semanas trabajando contrarreloj en el CERN junto al resto de científicos involucrados en el experimento. «Ha habido mucho trabajo intensivo estos días para que todo esté perfectamente, para que no haya fallos, que los habrá, seguramente… Esto es sólo el primer intento», dijo ayer a la agencia de noticias Efe. «Por parte de los detectores no va a haber ningún problema, porque los tenemos bastante bien controlados. Pero, claro, es la primera vez que vamos a ver colisiones a tan alta energía, así que no puedes prever todo».

«Poner a funcionar el LHC no es simplemente girar una llave. El acelerador está funcionando bien, pero aún queda mucho trabajo de puesta a punto por delante, y tenemos que asumir que el primer intento de producir colisiones será simplemente un intento. Puede llevarnos horas o incluso días el conseguirlo», añadió el director general del CERN, Rolf Heuer. De hecho, la última vez que el CERN encendió una máquina de estas características fueron necesarios tres días para producir las primeras colisiones.

Miedo al fin del mundo.

Lo cierto es que nunca antes se había construido una máquina tan poderosa para intentar contestar a una de las preguntas más antiguas que siempre se ha planteado la Humanidad: ¿De qué está hecho el universo y cómo llegó a ser como es? Una pregunta que podrían haber quedado sin respuesta si el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo hubiera tomado en serio la demanda interpuesta por un grupo de físicos que en agosto de 2008 exigieron la paralización del proyecto.

Consideraban que el acelerador de partículas representaba una gravísima amenaza porque podría desencadenar un pequeño agujero negro, con apocalípticas consecuencias. Según este grupo de científicos, la Tierra acabaría literalmente engullida por este sumidero cósmico.Dicha suspicacia creó una gran alarma social en todo el mundo, llegando incluso a provocar el suicido de una adolescente india, que creyó que el fin del mundo era inminente.

Algo que, según Teresa Rodrigo, no ocurrirá en ningún caso: «Hemos leído de todo y se seguirá leyendo, porque la ciencia ficción es un campo muy atractivo, pero todas esas ideas catastrofistas no tienen ninguna base científica. Saldrán más, seguro, porque no hay freno a la imaginación».