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Fracasa mision de la NASA.

Miércoles, 25 / febrero , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

La cofia no se abrió y el satélite no pudo ganar altura por exceso de peso en la atmósfera terrestre, al fallar la puesta en órbita del Oco. El observatorio cayó al océano cerca de la Antártida poco después del lanzamiento desde la base de Vandemberg (California). El problema se apreció casi a los tres minutos del despegue porque no se abrieron las dos mitades de la llamada cofia, la punta donde va alojado el satélite en su ascenso por el aire. Al no perder esa capa protectora, el Oco no pudo ganar altura debido al exceso de peso y acabó destrozado en el mar. Su órbita definitiva era casi polar y a 705 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre.

El observatorio era un satélite mediano (441 kilos), con un coste no muy alto (214 millones de euros) en comparación con otras misiones espaciales, pero era muy esperado por los científicos del clima, que recibieron ayer la noticia del fracaso de la misión como un jarro de agua fría. “Este observatorio proporcionará a los científicos una imagen global mucho más completa de la que tenemos acerca de cómo funciona el ciclo del carbono”, había declarado poco antes del lanzamiento Inez Fung (Universidad de California en Berkeley).

El Oco iba al espacio en un cohete Taurus XL, un lanzador privado de la empresa Orbital, que despegó a las 10.55 hora peninsular. Los primeros minutos de vuelo transcurrieron con normalidad, explicó ayer el responsable del lanzamiento por parte de la NASA, Chuck Dovale. “Pero enseguida empezamos a tener indicaciones de que no se había producido la separación de la cofia”, dijo. Al no detectarse la aceleración esperada del satélite en su ascenso -debido a la pérdida del peso de la cofia- supieron en la sala de control que algo había ido mal.

Esta operación de puesta en órbita es crítica en todos los lanzamientos. Se han perdido otros satélites antes por fallos similares. En 2005, por ejemplo, la Agencia Europea del Espacio (ESA) perdió su satélite CryoSat (que iba a observar los hielos del planeta) en un lanzador ruso. Cinco meses después, la ESA decidió construir un nuevo CryoSat.

La NASA no aclaró ayer si financiará un nuevo Oco. Lo primero es investigar las causas de la pérdida del satélite, proceso que, si es obligado en todos los accidentes espaciales, en éste lo es más porque la misma empresa Orbital, responsable de construir y lanzar el Oco, tiene encomendado otro satélite de la NASA, el Glory, cuya puesta en órbita está prevista para el próximo octubre. Orbital ha realizado, desde 1994, con los Taurus ocho lanzamientos y ha fallado dos, el último en septiembre de 2001.

El Oco estaba concebido para medir el CO2 terrestre y ayudar a responder preguntas clave: ¿Dónde se emite? ¿Cuánto y dónde absorben los océanos y la vegetación? La vigilancia de los niveles detallados de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre se ha convertido en una necesidad imperiosa para avanzar en el conocimiento del clima y su evolución futura. Además, es conveniente disponer de los mejores datos a la hora de establecer estrategias de economía política para mitigar el problema del calentamiento.

La emisión y absorción de CO2 no son uniformes en todas las zonas del planeta, y los científicos no pueden determinar aún con precisión dónde y cómo exactamente se está produciendo sobre todo la absorción en los llamados sumideros. Para conocer mejor los procesos y mejorar las simulaciones del clima futuro contaban con el Oco como una excelente herramienta.

El Oco no iba a ser el primer equipo en órbita vigilando el CO.

Hace un mes la agencia japonesa Jaxa lanzó su Ibuki, para medir tanto este gas de efecto invernadero como el metano, y la misma NASA tiene a bordo del satélite Aqua un instrumento que permite hacer mapas globales de CO2 a una altura entre 5 y 13 kilómetros en el aire, donde es más eficaz en su efecto invernadero. Pero los detectores de Oco eran mucho más sensibles a las concentraciones de ese gas cerca de la superficie terrestre, donde se registra casi toda la emisión y absorción. Ibuki, por su parte se centra, sobre todo, en las fuentes más que en los sumideros, por lo que es especialmente útil a efectos de controlar el cumplimiento de acuerdos como el Protocolo de Kioto, más que para tener un conocimiento preciso y global de todo el problema del carbono.

La envidia duele.

Lunes, 16 / febrero , 2009

Envidia.

Morirse de envidia es todavía una expresión, pero de que este sentimiento nos afecta no cabe ninguna duda. Y ya se sabe cuál es la base física. Científicos del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas en Inage-Ku (Japón) publican en la revista Science un trabajo en el que estudian qué partes del cerebro se activan cuando una persona se siente mal por el éxito de otra, o cuando se le desea mal a alguien por sus éxitos, y han encontrado que son las mismas que las que intervienen cuando se produce un dolor físico.

Los estudios sobre activación cerebral (se mide el flujo sanguíneo ante un estímulo) sirven para identificar la ubicación de los circuitos que regulan las actividades humanas, aunque, de momento, tienen poca utilidad práctica (no se sabe qué pasaría si se extirpara la zona de la envidia, por ejemplo, ya que no suelen ser regiones con funciones únicas). Pero permiten estudiar aspectos que van desde la evolución de la especie hasta el desarrollo de cada una de las personas.

La asociación entre dolor y envidia estaba ya en la sabiduría popular, pero hasta ahora no tenía una explicación científica. Quizá uno de los últimos avances en imagen cerebral ayude. Un estudio reciente ha demostrado que el cerebro se anticipa a las acciones. No sólo se activan las partes que actúan en un momento determinado (por ejemplo, la visión ante la imagen de un peligro), sino también las que el organismo aprende que van a ocurrir después (dolor, por ejemplo). En este caso, la envidia podría ser un mecanismo de defensa ante el posible daño que nos puede causar el éxito de otro. Pero eso todavía no está claro.

En el ensayo, los investigadores hicieron dos estudios de resonancia magnética en 19 sujetos sanos, y analizaron sus respuestas a dos emociones. Por un lado, descubrieron que la envidia estimula la corteza cingulada anterior dorsal, que se asocia al dolor físico. La alegría ante el mal ajeno activaba el estriado ventral, que procesa las recompensas. Además, relacionaron ambos procesos, y vieron que la señal era más intensa cuando algo malo le pasaba a alguien a quien se odiaba. Falta por saber si hay una modificación posible de estos sentimientos que no pase por la lobotomía.

Vigilar el espacio.

Sábado, 14 / febrero , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

El choque entre dos satélites a 800 kilómetros de altura sobre Siberia el primero de este tipo en la historia ha mostrado que la saturación de la órbita terrestre supone un riesgo real. Aunque ya existen sistemas de vigilancia del tráfico espacial, la tecnología aún no permite controlar todos los satélites que giran en torno a la Tierra. Iridium, la compañía propietaria de uno de los satélites de comunicaciones desintegrados el martes, asegura que no recibió ninguna advertencia antes de la colisión.

“El control de los satélites no es tan general y preciso como el del tráfico aéreo, pero la órbita y las maniobras de cualquier satélite operativo se controlan con bastante precisión”, afirma José Torres, director de programas espaciales del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). “El problema es que uno de los dos satélites que chocaron estaba fuera de servicio”, añade. Según Torres, si la trayectoria de colisión se hubiese previsto con suficiente antelación, el satélite operativo hubiese podido maniobrar para evitar el desastre.

El encargado de evitar estos percances es el NORAD (Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica), un organismo que depende del Departamento de Defensa de EEUU. Además de las limitaciones técnicas, en ocasiones, por motivos de seguridad nacional, la información sobre órbitas de satélites y trozos de basura espacial que proporciona el NORAD a compañías como Iridium es incompleta. Utilizando los datos que el Pentágono hace públicos, el investigador T.S. Keslo realizó un análisis a posteriori de las órbitas de los dos satélites. Si esos datos hubiesen sido correctos, los dos satélites deberían haber pasado a 584 metros del otro.

No solo las empresas privadas se enfrentan a las restricciones de información impuestas por el Pentágono. La Agencia Espacial Europea (ESA) también depende de EEUU para obtener información esencial sobre tráfico espacial. Según advirtió en noviembre Nicolas Bobrinsky, director de la División de Sistemas de Estación de Tierra de la agencia europea, en el último año, tanto la ESA como la agencia espacial francesa evitaron que algunos de sus satélites fuesen alcanzados por trozos de basura espacial gracias a información proporcionada por terceros países. Si por algún motivo estos datos hubiesen estado restringidos, las agencias europeas no habrían podido realizar las maniobras de evasión necesarias.

Para acabar con esta dependencia, en la última reunión de ministros de países socios de la ESA en La Haya (Holanda), se presentó el programa de preparación del Space Situational Awareness (SSA). Esta red de vigiliancia del espacio empleará radares y telescopios para poder seguir de manera precisa e independiente satélites, trozos de basura espacial e incluso asteroides que amenazasen la Tierra. Además, el SSA vigilará el clima espacial, prestando particular atención a los efectos de la actividad solar en los satélites y algunas infraestructuras terrestres como las instalaciones eléctricas.

El incremento del tráfico espacial ha obligado a idear sistemas para evitar la saturación y los riesgos provocados por la basura cósmica. Uno de los territorios con más densidad de satélites, pero al mismo tiempo mejor ordenados, es la órbita geoestacionaria. Allí, a 35.768 kilómetros de distancia, se ubican satélites meteorológicos como el Meteosat o de comunicaciones como los de Hispasat. Los espacios para colocar satélites son distribuidos por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), dependiente de las Naciones Unidas, de un modo similar a como son repartidas las frecuencias de radio para que unas no interfieran con otras. Además, según explica José Torres, los operadores que tienen satélites en esta órbita “están obligados a reservar un poco de combustible para que al final de su vida útil puedan dirigirse hacia una órbita un poco más alta que se conoce como órbita cementerio”. De este modo, cuando un satélite deja de funcionar, puede ceder su espacio para que lo ocupe un nuevo artefacto.

Otro de los lugares con gran densidad de satélites es la órbita baja, entre los 600 y los 800 kilómetros de altura, precisamente donde tuvo lugar la colisón el martes. Aunque para muchos usos la órbita geoestacionaria es más útil que la baja, el menor coste de situar allí un artefacto y la menor complicación técnica para transmitir información a la Tierra hace que sea muy utilizada.

A esta altitud, el método más sencillo para deshacerse de un satélite jubilado consiste en emplear una última reserva de combustible para lanzarlo contra la atmósfera. Eligiendo el grado de reentrada adecuado, el satélite se desintegraría por el calor de la fricción contra la atmósfera. La regulación de la órbita baja no es tan estricta como la de la geoestacionaria y esto permite que satélites como el ruso puedan continuar girando en torno a la Tierra años después de haber agotado su energía.

Junto a la retirada controlada de los satélites obsoletos, se han producido otras mejoras técnicas para reducir la cantidad de basura espacial incontrolada. “Antes, cuando los tanques de combustible se vaciaban, explotaban. Ahora ya se ha regulado para que no pueda suceder”, explica Torres.

Este tipo de explosiones, las fases que llevan los satélites hasta el espacio o los restos de choques como el del martes están en el origen de una gran cantidad de basura espacial que amenaza con dañar satélites que cuestan cientos de millones de euros. El inventario del Pentágono tiene localizados 18.000 objetos de más de diez centímetros de diámetro, el mínimo observable con la tecnología actual. “El peligro está en los trozos que miden entre uno y diez centímetros”, apunta Torres. “Para los más pequeños, se pueden colocar protecciones y los más grandes se controlan”, añade. A 27.000 kilómetros por hora, un tornillo de cinco centímetros se convierte en un proyectil con gran capacidad destructiva. Los paneles solares del telescopio espacial Hubble, devueltos a la Tierra después de una misión de recambio, muestran numerosos impactos de pequeños objetos, y las cicatrices también son numerosas en el fuselaje de los trasbordadores espaciales. Ellos, al menos, sobrevivieron.

Chocan dos satélites.

Viernes, 13 / febrero , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

Un satélite militar ruso y otro perteneciente a la compañía estadounidense de telecomunicaciones Iridium colisionaron el pasado martes en la órbita terrestre a 790 kilómetros de altura sobre Siberia, según confirmaron hoy fuentes de la NASA. El jefe científico de residuos espaciales de la agencia espacial de EEUU, Nicholas Johnson, dijo que “es la primera vez que dos astronaves intactas han colisionado accidentalmente”.

El Gobierno ruso confirmó el incidente por medio del general Alexander Yakushin, quien detalló que se trataba de un satélite Kosmos de casi una tonelada, lanzado en 1993 y que dejó de operar dos años más tarde. Según la BBC, el Gobierno ruso declinó comentar sobre una posible pérdida de control de su satélite, mientras que Iridium ha negado cualquier error por su parte. El aparato de Iridium, de 560 kilos y lanzado en 1997, formaba parte de una constelación de 66 satélites destinados a la telefonía.

La colisión produjo dos nubes de basura espacial a altitudes entre 500 y 1.300 kilómetros. Estos pedazos podrían representar un peligro para otros satélites, por impacto directo o por colisiones en cascada con otros objetos que orbitan la Tierra. El mando estratégico de EEUU mantiene un seguimiento de unos 18.000 objetos, a los que han añadido ya más de 600 resultantes de esta colisión.

Según el portavoz de la NASA, John Yembrick, “los escombros se moverán y se esparcirán, pudiendo impactar en otros. Eventualmente pueden caer y descender en sus órbitas”. La NASA ha aclarado que será necesario esperar varias semanas para valorar la magnitud de los escombros y el riesgo para otros satélites. La agencia rusa Interfax cita a un experto que advierte del peligro de colisión con satélites rusos inactivos que portan reactores nucleares.

Riesgo para la ISS.

En cuanto al riesgo de que un fragmento pudiera impactar con la Estación Espacial Internacional (ISS), que orbita unos 400 kilómetros por debajo del lugar del accidente, la agencia espacial rusa Roskosmos ha manifestado que no hay peligro. La NASA, en un documento interno filtrado al diario The Washington Post, señala de forma confusa que el riesgo es “muy pequeño” pero al mismo tiempo “elevado”.

Yembrick apuntó que “la ISS tiene la capacidad de efectuar una maniobra de evasión si fuera necesario”, algo que ya ha realizado anteriormente en ocho ocasiones. Actualmente la ISS está ocupada por tres astronautas, dos estadounidenses y un ruso.

Según fuentes de la NASA, otros aparatos pueden correr un riesgo más real; entre ellos, los restantes de Iridium, que circulan en órbitas polares cercanas a la del satélite destruido, o el telescopio espacial Hubble, que vuela a una altura próxima a la del accidente.

La agencia espacial de EEUU mantiene su previsión de lanzar el transbordador Discovery con destino a la ISS a partir del 22 de febrero, aunque precisó que dependerá de los resultados del seguimiento de los escombros espaciales.

Colapso en la circunvalación.

El tráfico en órbita parece llevar el mismo camino hacia el colapso que el de las grandes ciudades. Desde el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957 se han puesto en órbita más de 6.000 satélites, de los cuales siguen activos unos 3.000, según la NASA. A los aparatos hay que sumar cantidades ingentes de fragmentos algunos expertos hablan de millones de todos los tamaños. Dada la enorme velocidad de los objetos, más de 25.000 kilómetros por hora, hasta una minúscula astilla de pintura puede provocar un desastre.

Estos fragmentos ya han puesto en peligro vidas humanas. En 2007, un Airbus en vuelo desde Santiago de Chile a Auckland (Nueva Zelanda) estuvo a punto de ser golpeado por chatarra de un viejo satélite ruso que adelantó su reentrada en la atmósfera.

El aumento más drástico de basura espacial se produjo en 2007, cuando China ensayó un sistema de misiles para derribar un viejo satélite, lo que liberó más de 2.000 pedazos mayores que una pelota de golf.

En los últimos 20 años se han producido tres colisiones menores de basura espacial con un satélite, pero nunca antes un choque entre dos aparatos intactos.

Los expertos advierten del riesgo del síndrome de Kessler, un colapso en cascada que impediría el tráfico.

El exoplaneta más parecido a la Tierra.

Martes, 3 / febrero , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

Un grupo de astrónomos de varios centros de investigación ha descubierto, por medio del satélite CoRoT, han descubierto el exoplaneta más pequeño detectado hasta la fecha.

Este descubrimiento es especialmente importante porque es la primera vez que se detecta un planeta tan similar a la Tierra -tiene el menos de doble de su masa- y que podría ser rocoso, como el nuestro, aunque también podría estar cubierto de lava.

Eso sí, no sería un lugar habitable para el ser humano, ya que su temperatura oscila entre los 1.000 y los 1.500 grados centígrados.

Hasta el momento se han descubierto cerca de 330 planetas fuera del Sistema Solar, pero mayor parte son objetos gigantes compuestos principalmente de gas, como Júpiter y Neptuno.

Los astrónomos han estado detectando planetas que orbitan alrededor de otras estrellas desde hace 15 años. La mayoría de ellos son muy grandes, unas veinte veces la masa de Júpiter, pero muy pocos tienen masas comparables a la de la Tierra y otros planetas de tipo terrestre (Venus, Marte y Mercurio), ya que son extremadamente difíciles de detectar.

El ‘COROT- Exo- 7b’, como así se denomina, pudo ser detectado a través del método de tránsito, es decir, mediante un ligero oscurecimiento del brillo de la estrella cuando el planeta pasa regularmente delante de ella, cada 20 horas terrestres, según ha informado el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que ha participado en el hallazgo.

Para Daniel Rouan, investigador del Observatorio de París, “encontrar este pequeño planeta no fue una completa sorpresa. Corot-Exo-7b pertenece a una clase de objetos cuya existencia se había predicho desde hace algún tiempo”.

Rompecabezas científico.

“Identificar la naturaleza de este planeta requerirá muchas investigaciones futuras. Es posible que debamos considerar este descubrimiento como el comienzo de la astronomía exoterrestre”, comenta el investigador del IAC y miembro del equipo del descubrimiento, Hans Deeg.

De hecho, la estructura interna de esta ‘Súper Tierra’ es un rompecabezas para los científicos, que se cuestionan si también existen ‘planetas océano’, unos objetos compuestos originalmente por hielo que al desplazarse cada vez más cerca de su estrella, se fundiría hasta formar un recubrimiento líquido, indica el investigador del Observatorio de París, Alain Léger.

Este descubrimiento se complementó con las observaciones realizadas a través de una extensa red de telescopios europeos terrestres gestionados por varias instituciones y países. Concretamente, en el Observatorio del Teide (Tenerife), el telescopio ‘IAC 80′ fue el primero que reobservó ‘CoRoT-Exo-7b’ después de la detección de COROT.

Además de la contribución española, el descubrimiento se apoyó en las observaciones de otros telescopios en Paranal y La Silla (Chile) y el Telescopio de Mauna Kea (Canadá-Francia-Hawai).

Misteriosa emisión de metano en Marte.

Sábado, 17 / enero , 2009
Marte.

Marte.

Algo hay en Marte que es capaz de emitir 19.000 toneladas de metano a la atmósfera en pocos meses, según han descubierto científicos de la NASA que ayer presentaron sus resultados en rueda de prensa y hoy los ampliarán en la revista Science.

Pero los científicos no saben de qué se trata. Podría ser una emisión de origen volcánico. Podría ser metano producido por alguna forma de vida marciana hoy extinguida que quedó atrapado en el subsuelo y que ahora aflora. O, la hipótesis más sugerente, podría ser metano procedente de seres vivos que habitan aún hoy en el subsuelo marciano.

Serían, según estas dos últimas hipótesis, formas de vida unicelulares, no dotadas de inteligencia, similares a las bacterias terrestres. A favor de esta hipótesis está el hecho de que, en la Tierra, el 90% del metano de la atmósfera es de origen biológico. Y, sobre todo, que se han descubierto en minas de Sudáfrica comunidades de bacterias que han estado aisladas de los ecosistemas exteriores desde hace millones de años, se han atrincherado entre minerales a tres kilómetros de profundidad y producen metano.

“Podría ser posible que formas de vida similares hayan sobrevivido durante eones [ largo periodo de tiempo] (…) en Marte”, escriben en Science los investigadores, del Centro Goddard de la NASA en Maryland. “Los gases acumulados en estas zonas podrían ser liberados a la atmósfera si se abren poros o fisuras que conecten estas zonas profundas a la atmósfera estacionalmente”.

Los resultados de la investigación sugieren este efecto estacional. Tras analizar las emisiones de metano en Marte a lo largo de siete años terrestres – más de tres años marcianos-,los científicos han observado que la emisión de metano aumenta cuando es primavera en el hemisferio norte – donde se localiza el principal foco de emisión-y alcanza un máximo a mediados de verano.

En las observaciones, realizadas con tres telescopios de Hawái, se han empleado espectrómetros para poder deducir la composición de la atmósfera de Marte. Y se ha pixelado la superficie de Marte en regiones circulares de unos 200 kilómetros de diámetro. De este modo ha sido posible calcular cuánto metano había en cada momento en cada región de Marte.

Los resultados muestran que en marzo del 2003, cuando era verano en el hemisferio norte de Marte, había un penacho de 19.000 toneladas de metano cerca de donde está ahora el todoterreno Opportunity. La concentración de metano era máxima sobre una región llamada Terra Sabae y se reducía cuanto mayor era la distancia a este región. Los investigadores deducen que debía haber un foco de emisión en Terra Sabae. Dado que el metano se degrada en la atmósfera y en la superficie de Marte, la presencia de esta gran cantidad del gas ha de proceder de depósitos del subsuelo, afirman los investigadores.

“Es una investigación muy interesante y poco concluyente”, valoró ayer Ignasi Casanova, geólogo planetario de la Universitat Politècnica de Catalunya. “Estos resultados convierten a Terra Sabae en una región prometedora para enviar allí una futura misión de exploración”.

Un lustro de exploración en Marte.

Lunes, 5 / enero , 2009
Estación Espacial.

Estación Espacial.

“¡Hemos vuelto!”. El domingo se cumplieron cinco años desde aquella histórica madrugada en la que este grito de júbilo resonó en la sala de control de la NASA, cuando el robot Spirit confirmó que había llegado a Marte sano y salvo.

Tres semanas después, su vehículo gemelo, el Opportunity, logró el mismo objetivo, y de nuevo se descorcharon botellas de champán en la agencia espacial estadounidense. Lo que nadie jamás hubiera imaginado es que, un lustro después, los dos Mars rovers seguirían vivos y coleando sobre la superficie del planeta rojo, sobre todo si tenemos en cuenta que en principio su misión sólo iba a durar tres meses.

La llegada del Spirit y el Opportunity a Marte fue el primer gran balón de oxígeno para la NASA tras la espeluznante catástrofe del transbordador Columbia el 1 de febrero de 2003, en la que perdieron la vida siete astronautas. Éste fue el profundo significado emotivo de aquel «¡hemos vuelto!» que proclamó el entonces director de la agencia espacial, Sean O’Keefe, cuando el primer robot dio señales de vida tras aterrizar en Marte. Desde entonces, el extraordinario rendimiento de ambos vehículos no ha dejado de dar alegrías a la NASA y a todos los amantes de la exploración espacial.

«Al contribuyente americano se le dijo que cada rover sería capaz de realizar una exploración de treses, en el mejor de los casos, pero ambos han multiplicado por 20 esa previsión», explica Ed Weiler, vicedirector de Misiones Científicas de la NASA en la web de la agencia espacial.

«En el difícil momento actual de recortes presupuestarios que estamos viviendo, este resultado constituye un retorno espectacular para la inversión que hicimos [de aproximadamente 820 millones de dólares]», opina Weiler.

Durante los cinco años que ha durado hasta ahora su aventura marciana, el Spirit y el Opportunity han transmitido 250.000 imágenes detalladas del planeta rojo a lo largo de un durísimo recorrido de 21 kilómetros que les ha obligado a atravesar laderas montañosas, cráteres profundos y violentas tormentas de arena.

La ayuda de un aliado inesperado.

Gracias a sus exploraciones pioneras, los científicos que dirigen la misión han podido confirmar de forma contundente que al menos en el pasado, Marte tuvo agua en su superficie.

Pero, ¿cómo es posible que estos robots hayan resistido durante tanto tiempo? La clave, según los controladores de la misión, ha sido que han contado con la inestimable ayuda de un aliado inesperado: el viento marciano, cuyos potentes soplidos han limpiado repetidamente el polvo que se iba acumulando sobre los paneles solares que recargan las baterías de los vehículos.

Si no fuera por estos barridos naturales proporcionados por los vientos huracanados del planeta rojo, la misión del Spirit y el Opportunity hubiera concluido hace mucho tiempo.

No obstante, los controladores de la misión reconocen que éste no es un sistema muy fiable para garantizar la futura supervivencia de los robots. De hecho, el Spirit no ha tenido mucha fortuna últimamente con los vientos marcianos, y lleva ya 18 meses sin disfrutar de una buena limpieza de sus paneles solares. «El último invierno ha sido muy duro para el Spirit, y apenas ha logrado sobrevivir», confiesa John Callas, otro de los coordinadores de la misión.

En cualquier caso, con la esperanza puesta en que puedan proseguir sus valiosas exploraciones, la NASA ya ha designado nuevos objetivos para ambos rovers en 2009.

El Spirit se dirigirá hacia una meseta marciana conocida como Home Plate (un nombre que alude a la placa que deben alcanzar los jugadores de béisbol para lograr un punto), donde se cree que hay restos de actividad volcánica. El Opportunity, por su parte, se asomará al cráter Endeavour, que tiene un diámetro de 22 kilómetros.

Para Stephen Squyres, el director científico de la misión, la misión de los rovers representa un hito histórico, porque han llevado a cabo «la primera gran expedición de la Humanidad en otro planeta».

Descubren agujero negro en la Vía Láctea.

Jueves, 11 / diciembre , 2008
Via Lactea.

Via Lactea.

Un estudio elaborado un grupo de científicos alemanes asegura que un gigantesco agujero negro ocupa el centro de la Vía Láctea, nuestra galaxia, publica The Astrophysical Journal. Usando dos telescopios en el Observatorio Europeo del Sur, en Chile, los investigadores han encontrado que 28 estrellas delinean el hoyo, cuatro veces más masivo que el Sol.

Sagitario A, el nombre del agujero supermasivo, se encuentra a 27.000 años luz de la tierra (254.000 millones de millones de kilómetros). El profesor Reinhard Genzel, que ha presidido la investigación durante 16 años, ha asegurado que “lo más espectacular” del estudio es que aporta “la primera evidencia empírica de que los agujeros negros realmente existen” El hallazgo ha sido posible gracias a la detección de los 28 astros que giran alrededor del hoyo, de difícil observación por el gas y el polvo espacial.

Capacidad de creación.

Los agujeros negros son objetos con una gravedad tan potente que nada, ni siquiera la luz, puede salir de ellos. Algunos científicos, no obstante, han destacado el poder de creación de estos fenómenos.

“Pensamos en los agujeros negros como una amenaza, pues si te acercas demasiado a ellos puedes meterte en problemas. Lo cierto es que también han tenido un papel en la creación de galaxias, no sólo la nuestra”, ha señalado el Doctor Robert Massey de la Real Sociedad Astronómica a la BBC.

El doctor Massey asegura que la primera generación de estrellas y galaxias fue producto de los agujeros negros. “[Los agujeros] juntan la materia, y si tenías una densidad suficientemente alta reúne las condiciones para la formación de astros”, asegura Massey.

El ‘Hubble’ halla C02 en un planeta.

Jueves, 11 / diciembre , 2008
Satelite espacial.

Satelite espacial.

A pesar de su extraño nombre, HD 189733b es un viejo conocido de los astrónomos. A 63 años luz de la Tierra, en la constelación Vulpécula, este planeta extrasolar de tamaño parecido a Júpiter fue descubierto por un grupo de investigadores franceses el 6 de octubre de 2005. Y desde entonces ni ellos ni cientos de colegas de todo el mundo han dejado de observarlo con cuidada atención.

Este fue, por ejemplo, uno de los dos primeros planetas extrasolares que se pudieron observar directamente con un espectroscopio, lo que permitió averiguar muchos de los elementos que componen su atmósfera. En 2007, utilizando los telescopios orbitales Spitzer y Hubble, se confirmó que la atmósfera de HD 189733b contenía vapor de agua y más tarde, este mismo año, también compuestos orgánicos, entre ellos metano.

Pero ahora, de nuevo gracias al telescopio Hubble, Mark Swain, científico del Jet Propulsion Laboratory, de la NASA, ha podido determinar también la presencia de dióxido y monóxido de carbono, un paso de excepcional importancia en la carrera hacia la búsqueda de formas de vida fuera de la Tierra.

En principio, con sus casi 700 grados de temperatura superficial, HD 189733b está demasiado caliente como para que en él haya vida. Pero los datos obtenidos con el Hubble son una clara prueba de que la química básica de la vida puede ser rastreada con la tecnología actual en lejanos planetas en órbita de otras estrellas. «El dióxido de carbono es el principal motivo de nuestra excitación -explica el propio Mark Swain- porque, si se dan las condiciones adecuadas, su presencia puede tener una conexión directa con actividad biológica, tal y como sucede en la Tierra. El hecho es que hemos sido capaces de detectarlo, y estimar su abundancia es un gran paso en el esfuerzo por caracterizar mundos que puedan albergar vida».

Los gases que componen la atmósfera de HD 189733b absorben ciertas longitudes de onda de la luz que procede del caliente y brillante interior del planeta. Y Swain ha conseguido identificar dióxido y también monóxido de carbono.

Sus moléculas dejan una huella única en el espectro electromagnético de los rayos luminosos del planeta que alcanzan la Tierra. Y esa huella puede ser identificada con los instrumentos del Hubble. Es la primera vez que se realiza este tipo de observación en un planeta extrasolar.

Desvelan la identidad de una supernova.

Jueves, 4 / diciembre , 2008
Supernova.

Supernova.

Una de las supernovas más famosas de la historia de la Astronomía, la primera que se identificó hace más de 400 años, es un tipo Ia normal de supernova, según un estudio del Instituto Max Planck de Astronomía en Heidelberg (Alemania) que se publica en la revista ‘Nature’.

Se cree que las supernovas Ia son explosiones termonucleares de estrellas enanas blancas y juegan un importante papel como indicadores cosmológicos de distancia. Tycho Brahe, un astrónomo danés, fue uno de los primeros en observar de forma inesperada la aparición de una brillante “nueva estrella” en 1572, en la constelación de Casiopea, y concluyó a partir de sus observaciones exactas que debía estar situada “más allá de la Luna”.

Su descubrimiento en parte condujo al abandono de la teoría de que los planetas y las estrellas están fijos en el espacio y la Tierra en el centro del Universo.

Los investigadores, dirigidos por Oliver Krause, informan de un espectro óptico de la supernova de Tycho cerca de su iluminación máxima, obtenido de un eco de luz 400 años después de que la luz directa de la explosión rozara la Tierra. Sus observaciones revelan que la supernova, ahora conocida como SN 1572, pertenece a la clase de las supernovas normales tipo Ia.