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Los peligros de los móviles.

Domingo, 26 / junio , 2011

¿Puede llegar a ser peligroso para nuestra salud el uso de teléfonos móviles?

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud que se hizo público en junio de este año, las ondas que emiten los móviles podrían ser consideradas como causa de cáncer.

En dicho estudio, estas señales pasaban a formar parte de otros 267 “posibles agentes cancerígenos”, entre los que también se encuentran los vapores de la gasolina o el plomo. No se ha establecido una causa directa entre esas radiaciones y la terrible enfermedad, pero la relación entre estos dos fenómenos ya es considerada como “creíble”: se estima que las personas que utilizan muy a menudo los móviles (al menos media hora al día y durante diez años), tienen el 40 % más de probabilidades de sufrir tumores que los que no los usan con tanta frecuencia.  Pero no todo está perdido: existen una serie de recomendaciones que pueden ayudar a mitigar el supuesto impacto de estos dispositivos sobre nuestra salud.

Número recomendado de llamadas al día.

Cuando tenemos el teléfono pegado a la oreja, el campo electromagnético emitido por éste ‘afecta’ a  largo plazo a nuestro cerebro. El momento de mayor peligro es cuando la llamada se está estableciendo. Así que es más recomendable tener una sola conversación de diez minutos de duración, que diez conversaciones de un minuto. O al menos, eso es lo que se dice en este informe, publicado en la prestigiosa revista The Lancet. Otro momento ‘peligroso’ es también uno de los más habituales: cuando estamos hablando con el aparato y entramos en un ascensor o por un túnel, y se pierde la cobertura. El teléfono hará sucesivos intentos para encontrar señal, un momento de máxima emisión de ondas.

¿Todos los teléfonos emiten de la misma forma?

No; cada uno tiene su Tasa de Absorción Específica (SAR), que señala la cantidad de energía de radiofrecuencia (energía RF) que absorbe un cuerpo. Legalmente, el SAR no puede ser superior a 2 vatios por kilogramo (w/kg). Si elegimos un teléfono con poco SAR (por ejemplo, con 0,5 w/kg) estaremos evitando riesgos. También es fundamental tener un móvil que tenga una gran capacidad para captar señales (que siempre tenga buena cobertura), porque sino, estará consumiendo mucha potencia (y en consecuencia, emitiendo mucha energía RF) para encontrar señal.

¿Los teléfonos inteligentes son más peligrosos?

En teoría sí, porque emiten señales más potentes (para conectarse a las redes Wi-fi, las 3G y las GSM). Además, estos aparatos siempre están ‘actualizando’  sus datos internos, conectándose a Internet de forma autónoma y no solo cuando estamos navegando o hablando con ellos. Pero el peligro desaparece si el teléfono está alejado de nuestra cabeza.

¿El manos libres es útil?

No sabemos si es por vergüenza o por pereza, pero solo un 10% de los usuarios utilizan el manos libres de su teléfono. Debería ser usado mucho más. Así lo cree, al menos, el doctor Gerard Lasfargues, que asegura que alejar el teléfono de la cabeza, aunque solo sea unos centímetros, puede reducir significativamente el riesgo.

¿Dónde debo guardar el teléfono?

Cuanto más alejado del cuerpo, mejor. Si podemos dejarlo en un bolsillo de nuestro abrigo, en un bolso, o en la mesa del trabajo, estaremos menos expuestos a la energía RF.

¿Los niños están más expuestos?

Sí. Los niños están formándose y su sistema nervioso se puede ver afectado ante las radiaciones y las ondas de los móviles. Además, hay un motivo anatómico de peso: sus cráneos son más finos que los nuestros, por lo que sus cerebros no tendrán la misma protección.

El mayor peligro de los móviles.

Todos los estudios que relacionan el cáncer con los móviles pueden despistarnos y hacer que se nos olvide cuál es el mayor riesgo que tiene el uso de estos aparatos: si se utilizan mientras se conduce, pueden llegar a ser auténticos asesinos. Lamentablemente, hay miles de ejemplos que así lo atestiguan.

Quemaduras domésticas.

Jueves, 5 / agosto , 2010

Las quemaduras son lesiones de los tejidos que resultan del contacto directo con llamas, líquidos, gases o superficies calientes, cáusticos químicos, electricidad o radiación. Según explica el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, ante un paciente con una quemadura se deben evaluar una serie de factores que determinarán la gravedad del cuadro y por tanto su tratamiento. La piel es la más frecuentemente dañada, lo cual compromete su función como barrera a las lesionesy las infecciones, así como órgano regulador de la temperatura corporal. Ante un paciente quemado se deben evaluar una serie de factores que determinarán la gravedad del cuadro y por tanto su tratamiento.

La quemadura supone la destrucción de las células de la zona afectada. La pérdida de queratina y lípidos, que actúan como barrera frente a la evaporación, favorece la pérdida de agua y con ello la pérdida de calor corporal. Por otra parte, al perderse la integridad de la piel, se facilita la posibilidad de infecciones.

La acción directa del calor favorece la liberación en los vasos de sustancias vasoactivas (histamina, prostaglandinas), que incrementan la permeabilidad vascular, dando lugar a calor local, rubefacción y edema. Esta situación puede provocar el desprendimiento de la epidermis y la formación de ampollas. El tejido muerto se desprenderá y será sustituido por tejido nuevo.

Cuando se trata de quemaduras muy superficiales, los elementos residuales de la dermis regeneran la piel rápidamente, no quedando secuelas ni cicatrices permanentes.

En los casos más graves, se produce el cese del flujo sanguíneo en el área quemada, debido a la formación de coágulos que bloquean los capilares. En este caso, puede suponer la pérdida de los mecanismos de defensa de la zona, por incapacidad para acceder los glóbulos blancos y los antibióticos administrados por una vía sistémica. También se dificulta significativamente la restauración de los tejidos dañados.

Importancia por grados .

Primer grado: a fectación exclusiva de la epidermis. Hay eritema (enrojecimiento) y dolor, aunque no se llegan a formar ampollas. Curan completamente, sin dejar cicatrices, en tres o cuatro días.

Segundo grado: a demás de la epidermis, afectan a una parte de la dermis. Se presentan con eritema, ampollas, exudado, acompañados de dolor intenso. Según la profundidad de la lesión, la curación tarda en producirse hasta tres semanas, en unos casos sin dejar cicatrices pero en otros pueden dejar una cicatriz permanente.

Tercer grado: hay una afectación de todas las capas de la piel. Las lesiones presentan un aspecto coriáceo, de color blanquecino. No hay ampollas y, en muchos casos, ni siquiera hay dolor, como consecuencia de la destrucción de las terminaciones nerviosas de la piel en la zona. Frecuentemente se requieren varios meses para su curación.

Cuarto grado: afectan a todas las capas de la piel y además a una parte de los tejidos subcutáneos. Tienen un aspecto blanquecino y seco, y generalmente no son dolorosas. Tardan varios meses en curar y suelen requerir injertos de piel.

Los objetivos básicos del tratamiento de las quemaduras son los siguientes:

•Reducir el dolor.

•Proteger el área afectada del aire.

•Prevenir la deshidratación de la piel.

•Su ministrar un entorno adecuado para la regeneración de la piel.

•Prevenir la infección.

•En principio las quemaduras leves no requieren administración de antibacterianos, ya sea tópica o sistémicamente.

Si se trata de quemaduras superficiales de segundo grado, se debe lavar con agua y jabón suave la zona afectada. Limpiar con un antiséptico y aplicar un apósito estéril. El dolor puede tratarse analgésicos convencionales.

En términos generales, los únicos casos susceptibles de tratamiento en la oficina de farmacia serán los más leves, las quemaduras de primer grado o las de segundo grado superficial, en adultos sanos y siempre que no presenten un área extensa o se localicen en áreas críticas.

No lo olvides: pregunta siempre a tu farmacéutico. Él te informará sobre éstas y otras cuestiones relacionadas. Y recuerda que la intervención farmacéutica supone una elevada garantía en el proceso global de adecuación, efectividad y seguridad de los tratamientos con medicamentos.

Retiran un fármaco para adelgazar.

Sábado, 23 / enero , 2010

«Reductil», uno de los fármacos más utilizados en el tratamiento de la obesidad, ya no se podrá vender en España ni en los países de la Unión Europea a partir del 1 de febrero. La Agencia Europea del Medicamento y el Ministerio de Sanidad español ha pedido que se suspenda la comercialización por los posibles riesgos cardiovasculares asociados. La decisión se ha tomado después de conocer los resultados preliminares de un ensayo clínico con miles de pacientes. El estudio encontró un mayor riesgo de infarto, ictus o parada cardiaca mayor que en los voluntarios que tomaron un placebo.

Estados Unidos, de momento, mantiene la comercialización del fármaco. Ha optado por añadir una advertencia más severa al prospecto, en la que se recomienda no utilizar en personas con antecedentes o problemas cardiovasculares.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, así como la Sociedad para el Estudio de la Obesidad defendieron ayer el fármaco que «se utiliza desde hace diez años con todas las garantías de seguridad y eficacia». Los endocrinos lanzaron un mensaje tranquilizador para las personas que estaban en tratamiento: «El riesgo es remoto», dicen.

La amenaza viene del espacio.

Viernes, 1 / mayo , 2009
Misión Asteroide.

Misión Asteroide.

Es bastante pequeño, las últimas observaciones indican que mide unos 270 metros, pero el asteroide Apofis podría causar una catástrofe de grandes proporciones y ha conseguido galvanizar los esfuerzos de científicos e ingenieros de muchos países para defender la Tierra de las amenazas que vienen del espacio. Oyéndolos en el Congreso de Defensa Planetaria que ha reunido a 180 de ellos en Granada, puede parecer que se preparan para una guerra: hablan de amenazas, de que hay muchos enemigos ahí fuera y de la necesidad de que los humanos tomen conciencia del riesgo continuo a que están sometidos. Pero básicamente dejan constancia del nacimiento y rápido desarrollo de una nueva área de investigación, especialmente adecuada para la cooperación internacional, que busca su lugar entre las ciencias espaciales. El astronauta español Pedro Duque lo dice claramente: “Es una nueva era, el riesgo es real y ahora es medible y tenemos la tecnología para detectarlo e intentar evitar sus consecuencias”.

El Apofis, descubierto en 2004, se acercará mucho a la Tierra dentro de 20 años, el 13 de abril de 2029, pero por ahora el riesgo de impacto en esa aproximación es nulo. Sin embargo, como pasará a la altura de la órbita geoestacionaria (36.000 kilómetros, menos de la décima parte de la distancia a la Luna) se teme que la perturbación gravitacional le sitúe entonces en rumbo de colisión con el planeta el 13 de abril de 2036. La probabilidad de colisión está en uno entre 45.000 y hay demasiados factores mal conocidos como para afirmar nada, pero aunque pase de largo en 2036, como seguramente lo hará, el Apofis ya es el asteroide más seguido y estudiado de la historia, el catalizador de esfuerzos internacionales sin precedentes para enfrentar las amenazas espaciales.

Por encargo del Congreso de EE UU, la NASA ha intentado detectar los asteroides potencialmente peligrosos (que se acercan a la Tierra) de más de un kilómetro de diámetro y, tras 10 años, da la labor prácticamente por terminada. Ahora, los expertos señalan que llega la hora de detectar los mayores de 140 metros que, como el Apofis (el único de los más de 1.000 asteroides potencialmente peligrosos detectados que presenta un riesgo apreciable de impacto), pueden hacer también mucho daño. Sin embargo, Don Yeomans, encargado del tema en la NASA, explica que hay poco dinero para hacerlo y que es necesaria la cooperación internacional. De la misma opinión son el astrofísico Rafael Rodrigo, presidente del CSIC, y Jean-Michel Contant, de la Academia Internacional de Astronáutica, también presentes en el congreso.

El Apofis está ahora demasiado cerca del Sol para ser observado. Según Jon Giorgini, del Jet Propulsion Laboratory, las observaciones ópticas podrán reanudarse a finales de 2010 y las de radar en 2013, pero es muy posible que no se pueda saber la probabilidad de impacto para 2036 hasta que llegue en 2029, cuando será visible desde la Tierra sin instrumentos. Para entonces se conocerá su masa, su velocidad de rotación, su forma y sus características térmicas y luego se podrá evaluar la influencia en su trayectoria de su paso por la Tierra. Queda mucho tiempo, y cambios físicos muy pequeños pueden producir cambios muy grandes en el rumbo, recuerda Giorgini.

Prever acercamientos peligrosos como el de Apofis es sólo el primer paso. Los expertos señalan la necesidad de tener preparadas misiones espaciales para intentar desviar los asteroides. Están divididos sobre la conveniencia de utilizar la energía nuclear, pero es una opción.

“Hay tres tipos de misiones posibles, siempre para empujar el asteroide y desviarlo, no para romperlo, que sería todavía peor”, explica Duque. Son una explosión nuclear cercana, un vehículo que le empuje (tractor gravitatorio) y un impacto directo. De este último tipo es el Proyecto Don Quijote, de la ESA, aún sin financiación.

En Deimos, la empresa española que concibió el Don Quijote, están adaptándolo para mandar un orbitador a Apofis, una sonda que se acercara y se pusiera en órbita alrededor de él, para poder conocer bien su trayectoria y otras características. “Podría salir en 2015 y llegar en 2017″, explica el responsable, Juan Luis Cano. Si la ESA aprobara la misión, sería de demostración tecnológica más que científica, y tendría que tener un coste bajo. Por ahora no fluye el dinero que los expertos espaciales consideran que sería necesario, pero esperan que, a medida que se acerque la aproximación del Apofis, aumente la conciencia social y política y se puedan hacer incluso misiones de demostración a otros asteroides no peligrosos. Lo malo es que sea demasiado tarde. También para eso se preparan los científicos. Calculan las consecuencias de los impactos de asteroides de distintos tamaños, y concluyen que incluso uno pequeño (entre 30 y 50 metros de diámetro, como el de Tunguska) podría destruir una ciudad, pero que si alguno de mayor tamaño cae en el océano, el tsunami resultante tendría consecuencias mucho peores.