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espacio

...navegando por la palabra clave

 
 

En la Luna hay agua para bañarse.

Sábado, 14 / noviembre , 2009

Un análisis del polvo levantado por el impacto del cohete de la nave LCROSS de forma deliberada contra la Luna el pasado 9 de octubre ha descubierto la presencia de unos 80 litros de agua, o lo suficiente para un baño poco profundo. El único problema para el baño son las condiciones en las que se encuentra el agua: en formas de hielo y a alrededor de 230 grados bajo cero, puesto que no les ha dado la luz del sol en millones de años.

“Podemos anunciar que hemos encontrado agua, y no sólo un poco, una cantidad significativa”, dijo Tony Colaprete, investigador principal de la misión en la NASA. A diferencia de varios anuncios precedentes, la NASA quiso dejar claro que en esta ocasión no se trataba de indicios o pequeñas trazas de agua, sino evidencias de una notable acumulación. «Más que oler el rastro del agua, prácticamente la hemos saboreado», insistió el investigador Peter Schulz. Además, creen que en los polos las reservas serán mucho más grandes.

La NASA espera volver a la Luna a partir del 2020 con la intención de instalar una colonia permanente, aunque por problemas presupuestarios están cuestionando los planes. Así, este descubrimiento puede empujar a la Casa Blanca para financiar una nueva exploración lunar, necesaria para poder establecer una base.

Las Perseidas.

Domingo, 9 / agosto , 2009
Las Perseidas.

Las Perseidas.

Los aficionados a la astronomía o, simplemente, quienes gustan de mirar al firmamento para observar los fenómenos celestes tienen este mes de agosto, como cada año, una cita obligada con la lluvia de estrellas fugaces conocida como las “Perseidas”. Las “Perseidas” son también conocidas como “Lágrimas de San Lorenzo” ya que el 10 de agosto, día dedicado a este santo, suele ser uno de los de mejor visibilidad del fenómeno, y en la Edad media y en el Renacimiento se asoció esta lluvia con las lágrimas que vertió San Lorenzo al ser quemado en la hoguera.

Se suele denominar a este fenómeno como una lluvia de “estrellas fugaces”, aunque, según ha explicado el director del Planetario de Pamplona, Javier Armentia, realmente se trata de meteoros, sucesos que ocurren en la atmósfera, a unos cien kilómetros de altura, cuando fragmentos muy pequeños de polvo se queman a gran velocidad y producen un destello que suele durar menos de un segundo.

El origen de las “Perseidas” es un cometa que se conoce como Swift-Tuttle, descubierto de forma independiente por Lewis Swift el 16 de julio de 1862 y por Horace Parnell Tuttle tres días más tarde.

Del 17 de julio al 24 de agosto de cada año, ha señalado el astrofísico, la Tierra pasa por una zona del espacio en la que flota polvo de la cola de este cometa y ese material cae a gran velocidad en la atmósfera y produce esa luz que se denomina estrella fugaz.

Ese material microscópico no está repartido de igual manera durante el mes de duración del fenómeno, sino que tiene momentos máximos, lo que los astrónomos llaman las “corrientes de meteoros”, y en este caso esa fecha va a tener lugar entre el 12 y el 13 de agosto, una noche en la que, en unas condiciones idóneas, se pueden llegar a ver unas 100 estrellas fugaces por minuto.

Aunque las “Perseidas” no son demasiado ricas en bólidos (fragmentos de mayor tamaño), también pueden verse en ocasiones estrellas fugaces “chisporroteantes” y algunas que parecen presentar una fluorescencia.

Este último fenómeno, ha comentado Armentia, se debe a que el polvo del cometa se precipita a una velocidad “impresionante”, de unos sesenta kilómetros por segundo, y llega a ionizar la atmósfera, que es lo que produce una peculiar fluorescencia en algunas de estas estrellas fugaces.

Este año, la observación de las “Perseidas” en su momento máximo (entre el 12 y 13 de agosto) puede verse afectada por la luz de la Luna, que en esa fecha está en cuarto menguante, por lo que es conveniente buscar un lugar adecuado para contemplar el fenómeno.

Como en cualquier observación astronómica, ha indicado Armentia, lo mejor es buscar un lugar oscuro, libre de contaminación lumínica, lo que supone “marcharse de los núcleos de población en general”, y también es conveniente desplazarse a un paraje en el que sea visible la mayor porción posible de cielo.

Los aficionados a la astronomía deben tener presente además que el “radiante” o punto de la bóveda celeste de la que parecen partir las estrellas fugaces está situado al norte de la constelación de Perseo, cerca del Doble Cúmulo.

Las personas que, ya en el lugar de observación, quieran inmortalizar esta lluvia de estrellas, deben colocar sus cámaras fotográficas en un trípode con el obturador abierto, preferentemente en dirección a la constelación de Perseo, para captar en una imagen varias trazas o estelas luminosas de las estrellas fugaces.

Estas fotografías tienen además una utilidad práctica y es que permiten hacer un muestreo de las estrellas fugaces si el aficionado se pone en contacto con la Asociación Española de Meteoros y Cometas, que todos los años hace un recuento de las “Perseidas”.

Sin embargo, el paso de las “Perseidas” por la atmósfera terrestre también puede detectarse por los radioaficionados, que en esta época del año perciben en sus equipos unos característicos pitidos en algunas frecuencias.

Predicen el nacimiento de una estrella.

Martes, 9 / junio , 2009
Futura Estrella.

Futura Estrella.

El astrofísico Joao Alves, director del Observatorio de Calar Alto, en Almería, y su colega Andreas Bürkert, de la Universidad de Munich, están convencidos de que “el inevitable destino de la nube oscura Barnard 68 (en la imagen) es colapsar y dar lugar a una nueva estrella, de acuerdo con un artículo que han publicado en la revista The Astrophysical Journal.

Barnard 68 está localizada en la Constelación de Ofiuco, a unos 400 años luz de distancia. Nébulas y nubes interestelares de polvo y gas se localizan dentro de la Vía Láctea, y a algunas de ellas se las denomina nubes ‘oscuras’, cuyas siluetas se dibujan rodeadas de la luz y las estrellas y otros objetos que las circundan.

Estos astrofísicos creen que la colisión de dos nubes de gas podría ser el mecanismo que desencadena el nacimiento de una estrella. En relación con Barnard 68, sugieren que ya se encuentra en un estado inestable, y que el colapso se producirá “pronto”, dentro de unos 200.000 años.

Las imágenes que han tomado de su densidad muestran que B68 es una nube de gas frío con una masa equivalente a la de dos soles, pero hay otra nube, diez veces más pequeña, que se acerca en la dirección de colisión. Modelos desarrollados en un supercomputador de la Universidad de Munich han determinado que ese choque tendrá lugar en unos 200.000 años, cerca relativamente de nuestro sistema solar, y que las condiciones resultantes serán las óptimas para la aparición de una nueva estrella, y eventualmente planetas en torno a la misma.

Un huerto espacial.

Martes, 9 / junio , 2009
Hubble.

Hubble.

Las misiones espaciales tripuladas de larga duración son actualmente inviables, en parte, por la necesidad de acarrear grandes cantidades de alimentos y oxígeno. Por ejemplo, para un viaje a Marte de unos 1.000 días de duración, haría falta una carga mínima de 30 toneladas de víveres y oxígeno. Para solventar este grave problema, se ha puesto en marcha, en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) la planta piloto Melissa, que recrea un ecosistema artificial que permite generar oxígeno, agua y alimentos vegetales a partir del reciclaje de los residuos orgánicos, la orina, las heces y el CO2 producidos por la tripulación de una nave espacial.

Melissa, siglas en inglés de Sistema Alternativo de Soporte Microbiológico, es la única instalación de estas características que existe en Europa y fue inaugurada ayer por el director de la Agencia Espacial Europea (ESA), Jean-Jacques Dordain, y por la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia.

La planta piloto se compone de cuatro procesos diferentes, formados por cuatro biorreactores que funcionan como un circuito cerrado. En los dos primeros, los residuos orgánicos se descomponen en formas elementales, como el CO2, el amoniaco o los ácidos grasos volátiles. En el tercero, se convierte el amoniaco en nitratos, que serán utilizados como alimento para las plantas, que se cultivan en la cuarta fase. En este último paso, se ha recreado el ecosistema de un lago, donde crecen algas y vegetales, como las lechugas. Ellas se encargan de recoger el CO2 y convertirlo en oxígeno, de limpiar el agua de nitratos y son, al mismo tiempo, alimento para la tripulación. De esta forma, el círculo se cierra y se reinicia el proceso de recuperación y reciclaje.

En la prueba piloto, que se está realizando en la Escuela de Ingeniería de la UAB, actualmente se utilizan 40 ratas, el equivalente a una persona tanto en el consumo de oxígeno como en la producción de CO2. Está previsto que en un futuro se construyan unas instalaciones más grandes donde se pueda experimentar con personas, aunque su ubicación aún está por definir.

El objetivo final del proyecto Melissa es demostrar que este sistema de obtención de oxígeno y alimentos es viable. Entonces, se llevará a cabo la construcción del prototipo espacial, hecho con materiales mucho más pequeños y ligeros que los que actualmente usan en la Autónoma de Barcelona.

Melissa es un proyecto de la Unión Europea y de Canadá, coordinado por la Agencia Espacial Europea y que nació en 1989. La planta piloto de la UAB se comenzó a construir en 1995.

El sistema GPS puede fallar en 2010.

Domingo, 24 / mayo , 2009
GPS.

GPS.

El Gobierno estadounidense ha emitido un informe en el que alerta de que el GPS, que se ha hecho imprescindible en muchos aspectos de la vida diaria, puede comenzar a fallar el año que viene debido a la falta de fondos. Este estudio estima que son necesarios unos 2.000 millones de dólares (1.460 millones de euros) para actualizar la red de satélites que hacen posible el funcionamiento de los navegadores que muchos ciudadanos llevan en el coche.

Por lo visto, el Ejército del Aire estadounidense, responsable de la gestión de la red de satélites, ha descuidado sus tareas, señala el informe, elaborado por la Oficina de Responsabilidad Gubernamental, que advierte de que “existe una alta probabilidad de que la red caiga por debajo del número de satélites requeridos para proveer el nivel de servicio al que el Gobierno de Estados Unidos se ha comprometido”.

En la actualidad, la red dispone de entre 24 y 32 satélites en órbita alrededor de la Tierra y son necesarios al menos cuatro para localizar un punto determinado. Aunque en teoría podría seguir funcionando con menos de 24 satélites, los expertos alertan de que la precisión del sistema se reduciría notablemente.

Para el ciudadano de a pie esto supondría no obtener resultados tan exactos cuando busca un restaurante o una calle. Sin embargo, en el caso de la aviación comercial, que opera con un margen de precisión del 99,9%, la más mínima imprecisión podría tener graves consecuencias.

Una hipotética falta de precisión del GPS beneficiaría al sistema europeo Galileo, desarrollado por la Unión Europea (UE) y la Agencia Espacial Europea (ESA) para competir con el modelo norteamericano. Cuando Galileo empiece a funcionar -se espera que lo haga en 2011- tendrá un margen de error de sólo cuatro metros en horizontal y menos de ocho en vertical, prácticamente la décima parte del GPS.

El ‘Hubble’ vuelve a brillar.

Domingo, 17 / mayo , 2009
Hubble.

Hubble.

El pasado 11 de mayo, el transbordador Atlantis despegó desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, con siete tripulantes a bordo, rumbo al telescopio espacial Hubble, en la misión 125 de las lanzaderas. El principal cometido de esta misión, la quinta y última que se realiza, es la puesta al día de la instrumentación que el telescopio espacial posee. Se cambiarán giroscopios, baterías y otros instrumentos, como el sistema de manejo de datos y mando de instrumentos, cuyo fallo el 27 de septiembre de 2008 retrasó la misión programada para el mes de octubre del mismo año.

Esta misión, la STS 125, tiene una duración de 11 días; durante el tercer día, el Hubble fue capturado con el brazo robótico del Atlantis y posteriormente colocado en el exterior de la bodega de carga del trasbordador. Esta misión no está exenta de riesgos, debido al elevado número de horas de actividad extravehicular. Se realizaron nada menos que cinco paseos espaciales para sustituir todas la piezas estropeadas u obsoletas; ello unido al aumento de microimpactos en el telescopio, debidos en gran medida, al aumento de basura espacial, hacen que dicha misión entrañe cierto riesgo.

Con esta renovación se conseguirá mantener la máxima operatividad del Hubble, hasta su posible jubilación hacia el año 2014, año durante el cual ya estará en funcionamiento su sustituto el nuevo telescopio espacial James Weeb. El Hubble recibe su nombre de Edwin Powel Hubble (1889-1953), uno de los más importantes astrónomos norteamericanos del siglo XX. Demostró el principio por el cual el universo se expande, mediante la observación de las galaxias lejanas. Se le considera, además, el padre de la cosmología observacional. El telescopio espacial tiene un tamaño aproximado de 13 metros de largo por 4 de ancho, y un peso de unos 11.000 kilos, fue lanzado el 27 de abril de 1990, y orbita, cada 97 minutos, en torno a unos 600 km. de la superficie terrestre; durante este año habrá superado las 100.000 órbitas alrededor de nuestro planeta; si hubiese viajado en línea recta estaría rondando la órbita de Neptuno. Durante su vida útil el Hubble habrá proporcionado más de 15 terabytes de imágenes, tanto del espacio profundo como del más cercano, nuestros vecinos del Sistema Solar; más de 3.000 astrónomos lo han usado para sus investigaciones, enfocando diferentes puntos del universo. Es sin duda, el artefacto fabricado por el ser humano, que mayor producción científica y labor divulgativa ha realizado durante toda la existencia de la humanidad, es además la imagen de referencia de la NASA, cuya pagina web es la más visitada del mundo, gracias, en gran medida, a las maravillosas imágenes que el Hubble nos brinda y que ilustran, desde hace años, las páginas de libros e imágenes de los mejores documentales de astronomía. Es por todo ello que nos debe apenar la relativa cercanía de su triste final, pues aun cuando prolongase su actividad más allá del año 2014, está sentenciado, puesto que cuando falle no volverá a ser reparado y su destino será la desintegración controlada y posterior impacto con la tierra, de la que partió hace 19 años para acercarnos al universo.

El telescopio espacial «Kepler».

Lunes, 20 / abril , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

El telescopio espacial Kepler, lanzado por la NASA en marzo en una misión de tres años y medio, ha abierto los ojos y ha enviado las primeras imágenes de la región que deberá explorar en busca de planetas similares a la Tierra.

La agencia espacial norteamericana hizo públicas ayer las primeras fotografías tomadas por el telescopio. La que aparece sobre estas líneas contiene aproximadamente catorce millones de estrellas, entre las que los astrónomos han seleccionado cerca de cien mil como candidatas a tener en órbita mundos rocosos.

«Esperamos encontrar cientos de planetas alrededor de estas estrellas», aseguraba ayer mismo William Borucki, director de la misión Kepler. «Y por primera vez, podremos buscar planetas del tamaño de la Tierra en las zonas habitables alrededor de estrellas similares al Sol». Se conoce como «zona habitable» de una estrella aquella que permita la existencia de agua en estado líquido. La zona habitable del sol está ocupada por la Tierra.

Con su cámara de 95 megapíxels, la más sofisticada jamás enviada al espacio, Kepler es realmente el primer telescopio espacial con auténticas posibilidades de cumplir con éxito esa misión. Durante las próximas semanas, la NASA calibrará cuidadosamente cada uno de sus instrumentos. Después empezará la cacería…

Buscar planetas similares a la Tierra.

Jueves, 5 / marzo , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

La misión Kepler explorará nuestra región del Universo en busca de planetas de tamaño similar al nuestro, a la distancia justa para que puedan albergar vida. No es una misión para localizar a ET sino más bien para encontrar el hogar donde puede vivir ET, tal como la describe uno de los científicos del proyecto.

Los telescopios terrestres ya han detectado unos 300 planetas extrasolares, pero la mayoría son gigantes gaseosos, como nuestro Júpiter, un mal candidato para la vida orgánica. Además, muchos orbitan demasiado cerca de sus estrellas; la temperatura en su superficie es demasiado alta para que pueda haber agua en estado líquido, indispensable para la vida tal como la conocemos. Otros están demasiado lejos y son demasiado fríos. Y ninguno de los planetas descubiertos reúne las ventajas de la Tierra: tamaño pequeño, rocoso y órbita dentro de la zona habitable.

Buscando guiños en el cielo.

La sonda Kepler buscará este tipo de planetas extrasolares justo cuando pasan por delante de su estrella madre. Para ello medirá los minúsculos cambios en el brillo de unas 100.000 estrellas cada 30 minutos. Todas en las constelaciones de Cisne y Lira.

A lo largo de su órbita, un planeta puede interponerse entre su estrella y la Tierra. Es lo que se llama tránsito. En ese momento, la luz que recibimos de la estrella experimenta un pequeño descenso, un pequeño guiño. El cambio es minúsculo, de sólo 84 partes por millón. Demasiado pequeño para detectarlo con los telescopios terrestres, debido a la turbulencia de nuestra atmósfera.

Además, el plano de la órbita del planeta tiene que estar casi perfectamente alineado con nuestra línea de visión. Para que el planeta extrasolar esté a una distancia similar a la de la Tierra, en la zona habitable, las probabilidades de que esto ocurra son menores del 1%.

En conjunto es como detectar una pulga que cruza delante de los faros de un coche a varios kilómetros de distancia. La Kepler salva todos estos retos con un fotómetro extremadamente sensible que se situará más allá de la Luna. La nave orbitará alrededor del sol, siguiendo a la Tierra a una distancia de hasta 75 millones de kilómetros, sin que la luz de nuestras ciudades o el velo de nuestra atmósfera le molesten.

Un catálogo para determinar si hay vida ahí fuera.

Cuando la Kepler identifique un candidato, un equipo situado en la Tierra realizará más observaciones para eliminar los falsos positivos y pulir los datos. De hecho, encontrar planetas terrestres extrasolares llevará hasta 3 años y medio, el tiempo programado para la misión, aunque se puede prolongar otros 30 meses.

A su término, los científicos dispondrán de un censo de planetas que permitirá saber si las Tierras son comunes o raras en nuestra galaxia, la Vía Láctea. El siguiente paso será obtener imágenes “reales” de estos planetas extrasolares. Los más cercanos. Es el objetivo de la ambiciosa misión Finder de la NASA, todavía en desarrollo.

Ajustando la famosa ecuación de Drake.

La famosa ecuación de Drake, N= R x Fp x ne x Fl x Fi x Fc x L, trata de determinar el número de civilizaciones extraterrestres con las que podríamos contactar en nuestra galaxia: N. Es sólo una estimación -una pura conjetura, señalan sus críticos- ya que desconocemos el valor de la mayor parte de los factores. El primero, R, es el menos discutido, el número de estrellas que se forman cada año. El siguiente, f, determina el número de estrellas con planetas. Se le asigna un valor de 0,5.

El tercer factor es precisamente lo que debe concretar la misión Kepler: el número de planetas habitables.

Los siguientes términos son mera especulación. Cuántos de esos planetas albergan efectivamente vida, si esa vida es inteligente, si es capaz de desarrollar la tecnología necesaria para comunicarse con otras civilizaciones y, lo más sugerente, si es capaz de sobrevivir tiempo suficiente para hacerlo. Las estimaciones de la ecuación de Drake dependen del optimismo o pesimismo de cada uno, entre 5000 y sólo una, nosotros. El consenso actual es de diez.

Vigilar el espacio.

Sábado, 14 / febrero , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

El choque entre dos satélites a 800 kilómetros de altura sobre Siberia el primero de este tipo en la historia ha mostrado que la saturación de la órbita terrestre supone un riesgo real. Aunque ya existen sistemas de vigilancia del tráfico espacial, la tecnología aún no permite controlar todos los satélites que giran en torno a la Tierra. Iridium, la compañía propietaria de uno de los satélites de comunicaciones desintegrados el martes, asegura que no recibió ninguna advertencia antes de la colisión.

“El control de los satélites no es tan general y preciso como el del tráfico aéreo, pero la órbita y las maniobras de cualquier satélite operativo se controlan con bastante precisión”, afirma José Torres, director de programas espaciales del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). “El problema es que uno de los dos satélites que chocaron estaba fuera de servicio”, añade. Según Torres, si la trayectoria de colisión se hubiese previsto con suficiente antelación, el satélite operativo hubiese podido maniobrar para evitar el desastre.

El encargado de evitar estos percances es el NORAD (Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica), un organismo que depende del Departamento de Defensa de EEUU. Además de las limitaciones técnicas, en ocasiones, por motivos de seguridad nacional, la información sobre órbitas de satélites y trozos de basura espacial que proporciona el NORAD a compañías como Iridium es incompleta. Utilizando los datos que el Pentágono hace públicos, el investigador T.S. Keslo realizó un análisis a posteriori de las órbitas de los dos satélites. Si esos datos hubiesen sido correctos, los dos satélites deberían haber pasado a 584 metros del otro.

No solo las empresas privadas se enfrentan a las restricciones de información impuestas por el Pentágono. La Agencia Espacial Europea (ESA) también depende de EEUU para obtener información esencial sobre tráfico espacial. Según advirtió en noviembre Nicolas Bobrinsky, director de la División de Sistemas de Estación de Tierra de la agencia europea, en el último año, tanto la ESA como la agencia espacial francesa evitaron que algunos de sus satélites fuesen alcanzados por trozos de basura espacial gracias a información proporcionada por terceros países. Si por algún motivo estos datos hubiesen estado restringidos, las agencias europeas no habrían podido realizar las maniobras de evasión necesarias.

Para acabar con esta dependencia, en la última reunión de ministros de países socios de la ESA en La Haya (Holanda), se presentó el programa de preparación del Space Situational Awareness (SSA). Esta red de vigiliancia del espacio empleará radares y telescopios para poder seguir de manera precisa e independiente satélites, trozos de basura espacial e incluso asteroides que amenazasen la Tierra. Además, el SSA vigilará el clima espacial, prestando particular atención a los efectos de la actividad solar en los satélites y algunas infraestructuras terrestres como las instalaciones eléctricas.

El incremento del tráfico espacial ha obligado a idear sistemas para evitar la saturación y los riesgos provocados por la basura cósmica. Uno de los territorios con más densidad de satélites, pero al mismo tiempo mejor ordenados, es la órbita geoestacionaria. Allí, a 35.768 kilómetros de distancia, se ubican satélites meteorológicos como el Meteosat o de comunicaciones como los de Hispasat. Los espacios para colocar satélites son distribuidos por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), dependiente de las Naciones Unidas, de un modo similar a como son repartidas las frecuencias de radio para que unas no interfieran con otras. Además, según explica José Torres, los operadores que tienen satélites en esta órbita “están obligados a reservar un poco de combustible para que al final de su vida útil puedan dirigirse hacia una órbita un poco más alta que se conoce como órbita cementerio”. De este modo, cuando un satélite deja de funcionar, puede ceder su espacio para que lo ocupe un nuevo artefacto.

Otro de los lugares con gran densidad de satélites es la órbita baja, entre los 600 y los 800 kilómetros de altura, precisamente donde tuvo lugar la colisón el martes. Aunque para muchos usos la órbita geoestacionaria es más útil que la baja, el menor coste de situar allí un artefacto y la menor complicación técnica para transmitir información a la Tierra hace que sea muy utilizada.

A esta altitud, el método más sencillo para deshacerse de un satélite jubilado consiste en emplear una última reserva de combustible para lanzarlo contra la atmósfera. Eligiendo el grado de reentrada adecuado, el satélite se desintegraría por el calor de la fricción contra la atmósfera. La regulación de la órbita baja no es tan estricta como la de la geoestacionaria y esto permite que satélites como el ruso puedan continuar girando en torno a la Tierra años después de haber agotado su energía.

Junto a la retirada controlada de los satélites obsoletos, se han producido otras mejoras técnicas para reducir la cantidad de basura espacial incontrolada. “Antes, cuando los tanques de combustible se vaciaban, explotaban. Ahora ya se ha regulado para que no pueda suceder”, explica Torres.

Este tipo de explosiones, las fases que llevan los satélites hasta el espacio o los restos de choques como el del martes están en el origen de una gran cantidad de basura espacial que amenaza con dañar satélites que cuestan cientos de millones de euros. El inventario del Pentágono tiene localizados 18.000 objetos de más de diez centímetros de diámetro, el mínimo observable con la tecnología actual. “El peligro está en los trozos que miden entre uno y diez centímetros”, apunta Torres. “Para los más pequeños, se pueden colocar protecciones y los más grandes se controlan”, añade. A 27.000 kilómetros por hora, un tornillo de cinco centímetros se convierte en un proyectil con gran capacidad destructiva. Los paneles solares del telescopio espacial Hubble, devueltos a la Tierra después de una misión de recambio, muestran numerosos impactos de pequeños objetos, y las cicatrices también son numerosas en el fuselaje de los trasbordadores espaciales. Ellos, al menos, sobrevivieron.

Chocan dos satélites.

Viernes, 13 / febrero , 2009
Satelite espacial.

Satelite espacial.

Un satélite militar ruso y otro perteneciente a la compañía estadounidense de telecomunicaciones Iridium colisionaron el pasado martes en la órbita terrestre a 790 kilómetros de altura sobre Siberia, según confirmaron hoy fuentes de la NASA. El jefe científico de residuos espaciales de la agencia espacial de EEUU, Nicholas Johnson, dijo que “es la primera vez que dos astronaves intactas han colisionado accidentalmente”.

El Gobierno ruso confirmó el incidente por medio del general Alexander Yakushin, quien detalló que se trataba de un satélite Kosmos de casi una tonelada, lanzado en 1993 y que dejó de operar dos años más tarde. Según la BBC, el Gobierno ruso declinó comentar sobre una posible pérdida de control de su satélite, mientras que Iridium ha negado cualquier error por su parte. El aparato de Iridium, de 560 kilos y lanzado en 1997, formaba parte de una constelación de 66 satélites destinados a la telefonía.

La colisión produjo dos nubes de basura espacial a altitudes entre 500 y 1.300 kilómetros. Estos pedazos podrían representar un peligro para otros satélites, por impacto directo o por colisiones en cascada con otros objetos que orbitan la Tierra. El mando estratégico de EEUU mantiene un seguimiento de unos 18.000 objetos, a los que han añadido ya más de 600 resultantes de esta colisión.

Según el portavoz de la NASA, John Yembrick, “los escombros se moverán y se esparcirán, pudiendo impactar en otros. Eventualmente pueden caer y descender en sus órbitas”. La NASA ha aclarado que será necesario esperar varias semanas para valorar la magnitud de los escombros y el riesgo para otros satélites. La agencia rusa Interfax cita a un experto que advierte del peligro de colisión con satélites rusos inactivos que portan reactores nucleares.

Riesgo para la ISS.

En cuanto al riesgo de que un fragmento pudiera impactar con la Estación Espacial Internacional (ISS), que orbita unos 400 kilómetros por debajo del lugar del accidente, la agencia espacial rusa Roskosmos ha manifestado que no hay peligro. La NASA, en un documento interno filtrado al diario The Washington Post, señala de forma confusa que el riesgo es “muy pequeño” pero al mismo tiempo “elevado”.

Yembrick apuntó que “la ISS tiene la capacidad de efectuar una maniobra de evasión si fuera necesario”, algo que ya ha realizado anteriormente en ocho ocasiones. Actualmente la ISS está ocupada por tres astronautas, dos estadounidenses y un ruso.

Según fuentes de la NASA, otros aparatos pueden correr un riesgo más real; entre ellos, los restantes de Iridium, que circulan en órbitas polares cercanas a la del satélite destruido, o el telescopio espacial Hubble, que vuela a una altura próxima a la del accidente.

La agencia espacial de EEUU mantiene su previsión de lanzar el transbordador Discovery con destino a la ISS a partir del 22 de febrero, aunque precisó que dependerá de los resultados del seguimiento de los escombros espaciales.

Colapso en la circunvalación.

El tráfico en órbita parece llevar el mismo camino hacia el colapso que el de las grandes ciudades. Desde el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957 se han puesto en órbita más de 6.000 satélites, de los cuales siguen activos unos 3.000, según la NASA. A los aparatos hay que sumar cantidades ingentes de fragmentos algunos expertos hablan de millones de todos los tamaños. Dada la enorme velocidad de los objetos, más de 25.000 kilómetros por hora, hasta una minúscula astilla de pintura puede provocar un desastre.

Estos fragmentos ya han puesto en peligro vidas humanas. En 2007, un Airbus en vuelo desde Santiago de Chile a Auckland (Nueva Zelanda) estuvo a punto de ser golpeado por chatarra de un viejo satélite ruso que adelantó su reentrada en la atmósfera.

El aumento más drástico de basura espacial se produjo en 2007, cuando China ensayó un sistema de misiles para derribar un viejo satélite, lo que liberó más de 2.000 pedazos mayores que una pelota de golf.

En los últimos 20 años se han producido tres colisiones menores de basura espacial con un satélite, pero nunca antes un choque entre dos aparatos intactos.

Los expertos advierten del riesgo del síndrome de Kessler, un colapso en cascada que impediría el tráfico.