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Medio Ambiente / Fenomenos Naturales

...navegando por la palabra clave

 
 

La captura de CO2 no salvará el clima.

Martes, 7 / octubre , 2008
Co2.

Co2.

La captura y almacenamiento de carbono, el proyecto en el que se basa en buena medida el futuro del carbón como fuente energética y que centra la actividad investigadora de los institutos impulsados en los últimos años por el Gobierno en El Bierzo, no salvará el cambio climático ni llegará a tiempo para que las centrales térmicas de carbón sigan siendo sostenibles. Así se concluye en un informe titulado El carbón en España, un futuro negro , presentado ayer por Greenpeace. La organización ecologista explica que estas investigaciones, «que tienen por objeto reducir los impactos del cambio climático debidos a la quema de combustibles fósiles mediante la captura de CO 2 procedente de las centrales eléctricas y su almacenamiento en depósitos subterráneos», «no ofrecen una solución que evite a tiempo un cambio climático peligroso».

Pese a que el desarrollo de estos mecanismos está siendo ampliamiento promovido por las autoridades españolas y europeas para seguir construyendo y utilizando centrales de carbón, «no está previsto que el despliegue de estas tecnologías por las compañías eléctricas se pueda llevar a cabo antes del 2030 como muy pronto». Greenpeace considera que «para evitar los peores impactos del cambio climático las emisiones globales de gases de efecto invernadero tienen que empezar a reducirse en el 2015, dentro de sólo siete años».

Más gasto energético.

Además la tecnología de captura y almacenamiento de carbono utiliza entre el 10 y el 40% de la energía producida por una central eléctrica, así que «se prevé que su adopción a gran escala acabe con las ventajas de eficiencia conseguidas en los últimos 50 años y aumente en un tercio el consumo de los recursos». Por otro lado, el almacenamiento subterráneo del CO 2 es arriesgado, y no es posible garantizar un almacenamiento seguro y permanente. «Incluso con niveles de fuga muy bajos podrían minar cualquier esfuerzo para mitigar el cambio climático».

Además, Greenpeace recuerda que se trata de una tecnología cara, que puede llegar a duplicar el coste de las centrales y provocar que el precio de la electricidad se incremente entre un 21 y un 91%. Las centrales térmicas leonesas tienen niveles de emisión de CO 2 a la atmósfera muy superiores a las que tienen asignadas oficialmente para cumplir el compromiso de Kioto. Según el informe de la organización ecologista, entre el 2005 y el 2007 la central térmica de Anllares lanzó un 23% más de emisiones de las asignadas. Por su parte la central de Compostilla sólo tiene asignadas un 72% de las emisiones que realmente lanzó a la atmósfera en este periodo. En cuanto a La Robla, la cobertura de las emisiones asignadas es un 79% del total de las emitidas.

El informe de Greenpeace considera que las 22 centrales térmicas de carbón que aún operan en España deben cerrarse porque sólo proporcionan un 23% de la energía eléctrica; mientras que lanzan a la atmósfera un 64% de las emisiones del sector.

Apuesta además por fomentar las energías renovables, especialmente la eólica; y por destinar las ayudas del carbón a estas nuevas tecnologías.

El 25% de los mamíferos en peligro de extinción.

Lunes, 6 / octubre , 2008
Mamiferos.

Mamiferos.

El estadounidense Ted Turner, representante de la ONU en el Congreso Mundial de la Naturaleza que se celebra en Barcelona, ha vaticinado un futuro apocalíptico para la humanidad si en el próximo medio siglo no se frena el calentamiento de la tierra o el deterioro medioambiental.

En la ceremonia de apertura del XI Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN, Turner ha advertido de los riesgos de no conseguir consensos sobre asuntos claves como el desarme nuclear, el calentamiento del planeta, el crecimiento desaforado de la población mundial, la conservación de los bosques, la desertización o los derechos de las mujeres.

“No podemos fracasar y debemos hacerlo en los próximos cincuenta años. La humanidad se juega vivir en un mundo similar a un jardín del Edén o morir en un infierno ardiendo entre llamas”, ha asegurado el representante de la ONU y fundador de la cadena estadounidense CNN. Para Turner, la existencia de armamento nuclear convierte al hombre en una “especie de peligro de extinción”.

Esta afirmación ha merecido el aplauso generalizado de los asistentes a la ceremonia de apertura del Congreso, que cuenta con la presencia de más de 7.000 dirigentes con responsabilidades en asuntos medioambientales, grupos indígenas, ONG, empresas e instituciones.

Uno de cada cuatro mamíferos, en peligro.

En la primera jornada del Congreso también se ha puesto de manifiesto que al menos 1.141 de las 5.487 especies de mamíferos -un 25% del total- se encuentran en peligro de extinción, porcentaje que se eleva al 38% si se tienen en cuenta todas las especies animales del planeta.

Según una Lista Roja elaborada por más de mil expertos, de las 44.838 especies estudiadas un total de 16.928 están amenazadas. De ellas, 3.246 están en peligro crítico de extinción, 4.770, en peligro y 8.912 son vulnerables a la desaparición.

La desaparición de los hábitats naturales y la caza furtiva son los principales culpables de la situación de vulnerabilidad del 25% de los mamíferos, porcentaje que podría llegar hasta el 36% si se suman las especies (algo más de 800) sobre las que no existe información suficiente para lanzar una predicción.

El director del programa de evaluación de mamíferos de la UICN, Jan Schipper, ha destacado que el estudio, el primero que se lleva a cabo desde 1996, muestra que 188 mamíferos se encuentran en la categoría de “amenaza máxima”, lo que supone peligro crítico de extinción, entre ellos el lince ibérico (del que quedarían entre 84 y 143 especímenes adultos).

Schipper ha recordado que hay 29 especies incluidas en la categoría de peligro crítico que podrían estar ya extinguidas puesto que llevan años sin ser observadas, entre ellas el delfín del río Yang-Tsé, o la jutiíta, roedor natural de Cuba.

Otras especies en peligro son el demonio de Tasmania, afectado por un cáncer que ha provocado una disminución del 60% de su población; el felino pescador de Asia; la foca del mar Caspio y el ciervo del padre David, nativo de China.

La reconversión de la sabana en zonas dedicadas a la agricultura está amenazando también a los primates, sobre todo en Sudamérica, mientras que la caza incontrolada es el principal peligro para la mayoría de los mamíferos en Asia.

Amenazas cuya incidencia todavía está por determinar como el cambio climático pueden ser letales para animales como el oso polar o el lobo de mar, que necesitan vivir en un hábitat helado, mientras que cada día aparecen enfermedades nuevas que afectan a muchos mamíferos, como ocurrió con el ébola y los gorilas.

Jan Shipper ha alertado también de que el 36% de los mamíferos marinos están amenazados por la presión del hombre y la sobrepesca.

Pese a estos datos pesimistas, el 5% de los mamíferos actualmente amenazados, y que han sido estudiados por 1.800 científico en 130 países, muestran señales de recuperación en estado silvestre.

Este científico considera urgente que se dedique más financiación a la investigación para intentar evitar la extinción de especies.

La directora general de la UICN, Julia Marton-Lefevre, ha señalado que la Lista es “el símbolo de la salud y el bienestar del planeta”, al tiempo que se ha mostrado convencida de que los programas de recuperación de especies funcionan.

Por primera vez, la Lista Roja ha analizado las tarántulas de la India, amenazadas por las nuevas urbanizaciones y carreteras, o 20 especies de meros, de carne muy apreciada y afectados por la presión pesquera en la región índico-pacífica.

En el grupo de los anfibios, 1.983 especies estudiadas están amenazadas, lo que supone un 32,4% del total, entre ellos el sapo Holdridge, de Costa Rica, al que no se ha observado desde 1986.

En el ámbito de los reptiles, una buena noticia: la reaparición del lagarto gigante de La Palma, en Canarias, considerado extinto desde hace cinco siglos, mientras que el cocodrilo cubano ha entrado en peligro crítico de desaparición por la caza ilícita.

La Lista Roja incluye un índice de muestreo aleatorio sobre otras especies que ofrece datos pesimistas: una de cada cuatro especies del planeta estaría amenazada, entre ellos los cangrejos (un 32% está en peligro), los reptiles (un 22%) y los corales (un 33%), según Jonathan Baillie, director del programa de conservación del zoo de Londres.

Áreas marinas protegidas.

Por otra parte, un grupo de expertos medioambientales ha defendido hoy en Barcelona la necesidad urgente de crear una red de áreas marinas protegidas para salvaguardar la biodiversidad en el Mediterráneo, un mar del que sólo un 3,8 por ciento se encuentra bajo alguna forma de protección o gestión.

Según datos ofrecidos en el congreso, a pesar de que sólo ocupa el 0,8 de la superficie de los océanos, el Mediterráneo dispone del 7% de todas las especies marinas conocidas, de las cuales una cuarta parte son consideradas endémicas (exclusivas) en la región.

En la primera jornada de este congreso ha intervenido también el secretario de Estado de Medio Rural y Agua del Ministerio de Medio Ambiente, Josep Puxeu, quien ha garantizado hoy que la crisis económica no repercutirá en la inversión de las “políticas activas” de este departamento, a las que ha calificado de “indispensables”.

En este sentido, Puxeu ha adelantado que los presupuestos del Ministerio de Medio Ambiente para 2009 incluyen unas partidas que rondarán los 13.500 millones de euros y recogen un incremento en la inversión que ronda entre el 4 y 17%, gracias a un “esfuerzo especial” en el control del gasto corriente.

Además, el Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat ha informado de que cuenta con programas específicos para la protección de las especies de mamíferos más amenazadas, varias de las cuales aparecen en la ‘Lista Roja’. En Catalunya, además de las 97 especies de mamíferos que habitan en este territorio desde hace 200 años se han incorporado algunas otras -consideradas como especies autóctonas-, bien de forma natural, o debido a la mano del hombre.

Nacen 246 tortugas bobas en Cabo de Gata.

Martes, 30 / septiembre , 2008

Las 246 crías de ‘tortuga boba’ (Caretta Caretta) pertenecen a un grupo de 1.400 huevos procedentes de las islas de Cabo Verde.

De éstos, 250 huevos fueron depositados en nidos habilitados por los científicos en las playas vírgenes del Cabo de Gata y  tras el periodo de incubación, eclosionaron un total de 247 huevos, logrando sobrevivir 246 crías.

Las crías ya han sido trasladadas al centro ‘El Toruño’ del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de la Junta de Andalucía, en el Puerto de Santa María (Cádiz). En este centro serán criadas durante sus primeros meses de vida, donde también serán estudiadas y catalogadas.

Para el investigador del CSIC Juan Patiño es un gran éxito porque, “en condiciones normales, suele eclosionar el 80% de los huevos que se incuban. Y la alta tasa de supervivencia lograda en esta campaña avala la eficiencia de las técnicas empleadas tanto en la recolección y transporte de los huevos como en su incubación en las playas del Cabo de Gata, y nos anima a proseguir con el proyecto”

Proyecto de reintroducción de una especie amenzada.

Este proyecto del CSIC se engloba en los trabajos para determinar la viabilidad de la reintroducción de esta especie de reptiles, amenzada de extinción en todo el planeta, en las costas españolas.

Para ello científicos del CSIC se desplazaron a las Islas de Cabo Verde, que es donde se encuentra la tercera población más importante del mundo de esta tortuga. Desde allí trasladaron los 1400 huevos de ‘tortuga boba’ que forman parte de este proyecto a tierras españolas el pasado 8 de septiembre.

1000 fueron enviados a las Islas Canarias y 400 a Andalucía, 250 de los cuales son los que han eclosionado, quedando el resto de los huevos en incubadoras de las instalaciones de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), en Sevilla.

El proyecto cuenta con la financiación de la Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía y la Consejería de Medio Ambiente de Ordenación Territorial del Gobierno de Canarias.

La adaptación al cambio climático.

Domingo, 28 / septiembre , 2008
Huracan.

Huracan.

Si el cambio climático arrecia y el cauce del río sube en Holanda, desde hace ya cuatro años hay barrios enteros de casas preparadas para flotar. Venecia, una zona extremadamente vulnerable, tendrá listo en 2011 un sistema de murallas móviles subacuáticas para aislar el mar de la laguna que rodea la ciudad, cuando suba la marea. Mientras, en España se siguen autorizando construcciones de casas en la Manga del Mar Menor (Murcia) donde, dice Medio Ambiente, en 2050 habrá subido el nivel del mar 15 centímetros. El ministerio “aconsejó” el año pasado una moratoria urbanística que no ha sido atendida.

Todos los informes, desde el elaborado en 2007 por el Panel Internacional del Cambio Climático (IPCC), dependiente de la ONU, hasta el suscrito por el catedrático de ecología José Manuel Moreno, también miembro de la mesa del IPCC, aseguran que el Mediterráneo, y muy acusadamente la Península Ibérica, es una de las zonas más vulnerables.

Un informe del Banco Mundial sobre ciudades resistentes al clima publicado este verano incluye las que han tomado el reto de la adaptación con seriedad: entre ellas están Milán, Tokio, Nueva York o Dong Tan (China). España no aparece en esa lista.

Hay tres fases que cumplir para una adecuada adaptación: conocer el clima del futuro localmente, evaluar su impacto en cada actividad y adaptarse. Una portavoz de Medio Ambiente afirma que si no se han tomado medidas concretas aún es porque “es imprudente tomarlas cuando no se conocen las zonas de riesgo”. “La Agencia Española de Meteorología está estudiando los distintos escenarios climáticos para España”, añade.

España se está quedando atrás. El Gobierno tiene aprobadas 80 medidas urgentes desde 2007 para reducir el CO2 y recientemente ha anunciado más. Plantará 45 millones de árboles. Son medidas de mitigación, pero las de adaptación al futuro marchan con retraso.

Existe un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático desde 2006 que asegura que los sectores españoles más sensibles son el agrícola, el de las finanzas y el de los seguros; también se verá perjudicada la salud humana. Según dicho plan, en 2001 teníamos que haber comenzado a tomar medidas urgentes para disminuir el riesgo de padecer las convulsiones del calentamiento en esos sectores. Siete años después no hay proyectos concretos.

La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, asegura que la adaptación es uno de los cuatro ejes de trabajo del Gobierno, con especial atención a la gestión de recursos hídricos. Pero, “aunque el plan de adaptación es ambicioso, no se está avanzando al ritmo debido”, denuncia Jaime Ribalaygua, presidente de la Fundación para la Investigación del Clima.

¿Qué efectos del cambio climático tenemos que sortear? La sentencia judicial de San Glorio, que prohibió el pasado invierno construir una pista de esquí sobre un parque natural de Palencia, León y Cantabria es uno de ellos. El juez argumentaba que era “muy dudosa la viabilidad económica” de la estación “por el cambio climático”. Pero es tan sólo un ejemplo.

Donde España no ha perdido el tren es en el sector del vino, que sí está tomando en serio la adaptación. El clima afecta mucho a la calidad de la uva. El Gobierno ha creado grupos de investigación para que los viñedos sean capaces de resistir las variaciones de temperatura. “Se está haciendo un seguimiento intenso”, comenta Teresa Ribera. Los investigadores están estudiando plantar especies nuevas o modificar genéticamente los antiguos viñedos. Ribera afirma que el Banco Mundial “está muy atento a esta investigación” porque, en esto sí, “somos pioneros”.

Los glaciares desaparecerán en 50 años.

Viernes, 5 / septiembre , 2008

Glaciar.

En los Pirineos sólo quedan 21 glaciares (10 en la vertiente española y 11 en la francesa) y se están fundiendo. En total son 450 hectáreas. Los más pequeños se han perdido en los últimos 15 años y la superficie de los más grandes se ha reducido en un 50% o un 60%. Y son los únicos activos que se conservan en la Península Ibérica. Pero de aquí a 2050 habrán desaparecido todos. Es la respuesta de los glaciares al cambio climático, al aumento de las temperaturas medias, recalcan los científicos de las universidades de Cantabria, Autónoma de Madrid y Valladolid que han evaluado el estado de los neveros españoles y su historia.

Entre 1880 y 1980, se perdieron casi un centenar de glaciares (al menos 94) en la Península Ibérica, concluyen los investigadores, y en las últimas dos décadas han desaparecido 17 de los restantes. Hace un siglo dejó de existir el de Sierra Nevada, que fue el más meridional de Europa durante la llamada “pequeña edad de hielo” (entre 1300 y mediados del siglo XIX), un periodo especialmente frío. La subida de la temperatura acabó con esa acumulación de nieve helada, que resistió a un clima mediterráneo gracias a su altitud, orientación y características geológicas y que quedó reducido a una pequeña masa de hielo enterrado.

La fusión de los glaciares y la elevación de las cotas de montaña nevadas año a año es conocida, por ejemplo, en los Alpes, pero no se había hecho un estudio global de los glaciares españoles, señala la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología.

Durante la pequeña edad de hielo (cuyo periodo más frío se registró entre 1645 y 1710), se formaron los neveros de la península Ibérica: en Pirineos, Sierra Nevada y Picos de Europa -en cotas altas y orientados al norte-, recuerdan los científicos. El estudio se ha publicado en la revista The Holocene.

Después de los siglos del frío, empezaron a retroceder, pero el calentamiento acelerado actual es la puntilla. En los últimos cien años la temperatura media ha aumentado 0,9 grados centígrados, y el calentamiento es especialmente notable en las últimas décadas.

“Las montañas son espacios sensibles a los cambios climáticos y ambientales, y dentro de ellas, la evolución de los glaciares en respuesta a los mismos es uno de los indicadores más eficientes que pone en evidencia el calentamiento que estamos viviendo en la actualidad, en este caso, constatado en las montañas ibéricas”, recalca Juan José González Trueba, de la Universidad de Cantabria.

La hipoxia mata los océanos.

Viernes, 15 / agosto , 2008

El mar se ahoga. Cada vez hay más «zonas muertas» marinas, extensiones oceánicas en las que los niveles de oxígeno han descendido tanto que ya no queda horizonte para la vida. Esta retrocede, acorralada por aguas asesinas que en estos momentos ya suman la extensión de Nueva Zelanda. Las consecuencias ecológicas pueden ser irreversibles si no se ataja el problema antes de diez o veinte años.

El nombre científico del problema es hipoxia marina. La revista «Science» publica esta semana un estudio sobre la hipoxia marina donde han colaborado investigadores norteamericanos y suecos. Entre los primeros destaca Robert Díaz, profesor del Instituto de Ciencias Marinas de la Universidad William and Mary de Virginia. Explica que el ahogo de los mares viene siendo alarmante desde los años sesenta, aunque él no se enteró hasta los años ochenta. «Yo empecé haciendo estudios en la bahía de Chesapeake (el mayor estuario de los Estados Unidos, entre Virginia y Maryland), y nos extrañó mucho ver que había puntos de la bahía sin animales en el fondo, prácticamente sin vida; era estremecedor», recuerda. También recuerda lo estremecedor que fue empezar a medir los índices de oxígeno y encontrárselos bajo mínimos.

Pronto se dieron cuenta de que el problema no se limitaba a la bahía de Chesapeake. Si a comienzos del siglo XX sólo había cuatro zonas de «mar muerto» en el mundo, a mediados de los años sesenta ya había 49, que se habían convertido en 87 en los años setenta, y en 162 en los ochenta. Desde entonces la progresión no ha decrecido. En 1995 ya había 305 burbujas inertes en las aguas cercanas a las costas en todo el mundo. En estos momentos se estima que hay 405, y que entre todas suman 245.000 kilómetros cuadrados, casi como la superficie de Nueva Zelanda.

La hipoxia marina no es constante. En la mayoría de los casos es un fenómeno estacional, acotado a los meses de verano. Pero si no se ataja es fácil que devenga permanente y en todo caso sus efectos sí lo son: a un ecosistema marino le puede llevar diez años recuperarse de la pérdida de oxígeno, y muy raramente la recuperación es plena. Cuando vuelve a haber vida, está enrarecida, con las especies afectadas y debilitadas. El daño está hecho.

Actividad humana.

¿Pero qué daño y cómo? Pues el peligro viene de una actividad humana tan aparentemente inocente como la agricultura. El vertido al mar de fertilizantes agrarios ricos en nitrógeno y en fósforos, más la quema exacerbada de biofósiles, envenena hoy en día el mar tanto o más que las agresivas plantas industriales del pasado.

Robert Díaz no deja de resaltar la ironía de que cuando la contaminación industrial decrece aumente la del campo. El nitrógeno y el fósforo volcados al mar no sólo perjudican a las especies «habituales» sino que dan alas a bacterias del fondo marino, cuyo desarrollo devora todo el oxígeno disponible.

Una vez más, «chapeau» por las bacterias, esas privilegiadas darwinianas que parecen ser las únicas capaces de adaptarse a entornos cambiantes a una horrible velocidad. «Yo estoy seguro de que las bacterias ganarán al final la batalla por la vida en este planeta», musita el profesor Díaz. Pero por supuesto eso no significa tirar aquí y ahora el yelmo y el escudo y dejarles el campo libre. El éxito de estas bacterias es el fracaso de la Humanidad.

Cuando ellas se apoderan del oxígeno el mar deviene una trampa mortal. Los peces y organismos superiores tienen que huir a otras aguas que en principio no eran las más adecuadas, lo que les estresa y provoca mutaciones desagradables, cuando no afecciones que pueden convertir una especie entera en inservible para el consumo humano. Sucedió en su día con las langostas noruegas, y está sucediendo ahora con algunas variedades de la lubina atlántica.

Peor destino corren los organismos que no pueden huir, los gusanos, almejas y pequeños crustáceos que perecen a millones. Dejando sin alimento a los peces, que si volvieran se encontrarían sin comida. Con lo cual el ciclo maldito no para de aumentar.

El primer reto ecológico.

Se lamenta el profesor Díaz de que las autoridades no presten nunca la debida atención al fenómeno hasta que surgen alarmas sanitarias o alimentarias, cuando por lo general es cuando ya es demasiado tarde. Combinada con los efectos del calentamiento global, que ayudan precisamente a minimizar el problema, la hipoxia marina constituye hoy en día el reto ecológico número uno de los mares.

Y lo más paradójico es que no debería ser tan difícil encontrar una solución. «Sobre el papel es sencillo», asegura Díaz, «e incluso conveniente para los mismos agricultores, a los que no creo que les haga ni pizca de gracia que buena parte del dinero que se gastan en fertilizar sus tierras vaya a parar al mar».

El profesor propone estudiar barreras naturales entre la tierra y el mar pero también ensayar otro tipo de cultivos que no requieran tanto nitrógeno ni fósforo. El maíz -enormemente extendido en América- es un villano natural en este sentido; sería más sensato priorizar el trigo y las legumbres.

Alerta en el Mediterráneo.

¿Como en el Mediterráneo? El profesor Díaz nos dice que él no quiere ser alarmista pero que por favor nos pongamos las pilas rápido: denuncia que el Mediterráneo es uno de los mares menos vigilados y documentados desde el punto de vista de la hipoxia marina. «Tenemos muchos estudios sistemáticos de las costas del norte de Europa y muy pocos de las del sur», lamenta, y eso que particularmente la vertiente africana del Mare Nostrum es muy sospechosa de estar en alerta roja.

«No hay tiempo que perder», advierte, «porque, aunque no es realista pretender volver a los niveles de oxígeno preindustriales, debemos luchar por romper esta tendencia de que las zonas muertas se doblan cada década; es que a este paso, en diez o veinte años no va a quedar nada».